DAÑAN IMAGEN POR LOS FAKE NEWS

CIUDAD DEL ESTE (locales, por redacción) En la madrugada del martes 9 de septiembre, un joven conductor de la plataforma Bolt fue víctima de un asalto violento. Recibió una solicitud de traslado por parte de una mujer, quien subió al vehículo junto a tres hombres. A pocas cuadras, uno de ellos lo amenazó con un cuchillo y lo obligó a entregar su auto y su celular. El conductor fue abandonado en una zona oscura, y el vehículo apareció más tarde sin matrícula. Horas después, recibió una llamada: alguien le pedía dinero para devolverle el teléfono.

A raíz de esa llamada, se organizó un operativo que terminó con la detención de dos personas: Hernán Fernando Armoa Echagüe, con antecedentes penales, y Fernando Ariel Gómez Medina, trabajador del Instituto de Previsión Social. En ese momento, se difundió su nombre, su rostro y hasta su uniforme, vinculándolo directamente con el robo y la extorsión. Pero la historia real es otra.

Fernando no participó en el robo. Esa madrugada, volvía a su casa tras compartir una cena con amigos y familiares. En el camino, encontró un celular tirado en la calle, encendido y bloqueado. Lo levantó con la intención de devolverlo. Al día siguiente, mientras iba al trabajo en moto con Hernán —quien lo suele trasladar— el celular sonó. Hernán atendió, y una mujer se identificó como la dueña. Acordaron encontrarse para devolver el aparato, y Hernán pidió una pequeña compensación por el traslado. En lugar de una entrega tranquila, la mujer apareció con agentes de Investigación de Delitos. Detuvieron a Hernán y luego a Fernando en su lugar de trabajo, sin investigar ni verificar nada.

Fernando estuvo detenido hasta el jueves 10 de septiembre. Recuperó su libertad tras presentar pruebas claras de su inocencia, incluyendo imágenes de circuito cerrado que muestran cómo encontró el celular en plena calle. A pesar de eso, su imagen quedó dañada. Fue expuesto públicamente como si fuera parte de un hecho delictivo, cuando en realidad fue víctima de una cadena de malentendidos y de una intervención apresurada.

Hoy, Fernando sigue intentando limpiar su nombre. No solo fue detenido injustamente, sino que fue juzgado por una historia que no vivió. Lo que empezó como un gesto de buena voluntad terminó en una pesadilla que afectó su vida personal, profesional y familiar.

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