CANDIDATOS EN CAMPAÑA, MUCHO RUÍDO Y NINGÚN PROYECTO

CIUDAD DEL ESTE (locales por redacción) Estamos en plena campaña, pero no se ve ni una propuesta seria. Lo único que abunda son ataques entre candidatos, acusaciones cruzadas y discursos vacíos. Más que una elección, parece una competencia de quién habla peor del otro.
Y como era de esperarse, el ambiente político está más cargado que un grupo de WhatsApp de chisme. Los candidatos suben al escenario con promesas de “trabajo digno”, pero lo que ofrecen no es trabajo: son planillas disfrazadas de oportunidades. Cargos inventados, sin funciones reales, donde el único mérito es haber aplaudido en algún mitin. Así, le quitan espacio a profesionales que sí se prepararon, que sí saben lo que hacen, y que terminan viendo cómo los ignorantes se acomodan por política.
La campaña se ha vuelto una fábrica de ilusiones laborales. Prometen puestos en instituciones públicas como si fueran rifas, sin importar que muchos de esos “beneficiarios” no sepan ni redactar un correo, menos aún entender cómo funciona una entidad técnica. Lo único que saben es que, con el sello del partido, se cobra sin trabajar. Y eso, en Ciudad del Este, parece ser el verdadero proyecto electoral.
Entre dimes y diretes, la campaña se parece más a un chisme de pasillo que a un debate serio. Nadie presenta proyectos, pero todos tienen tiempo para hablar mal del otro. Es como ver una pelea de gallos, pero sin garras ni plumas: puro cacareo.
Las calles siguen rotas, los semáforos intermitentes, y los barrios inundados cada vez que llueve. Pero eso no importa, porque en época electoral lo que vale es prometer lo mismo de siempre: “vamos a arreglar las calles”, “vamos a luchar contra la corrupción”, “vamos a generar empleo”. Spoiler: no van a hacer nada.
Y mientras tanto, los verdaderos problemas siguen sin candidato. El transporte público es una ruleta rusa, la basura se acumula como los discursos vacíos, y la seguridad es tan frágil como la memoria de los que prometen.
En resumen, Ciudad del Este vive su propio carnaval político: sin disfraces, pero con máscaras. Porque acá no se elige al mejor, sino al que grita más fuerte. Y entre tanto ruido, lo único que queda claro es que todos están disponibles… pero solo para robar.

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial
× ¿Cómo puedo ayudarte?