UNA MARCHA QUE DEJÓ MÁS DUDAS QUE ESPERANZA

NACIONALES (realidades, por redacción) Lo que prometía ser una movilización ciudadana pacífica y apartidaria terminó revelando grietas preocupantes en la forma de hacer activismo en Paraguay. La manifestación del domingo, liderada por el grupo autodenominado “Generación Z Paraguay”, dejó un sabor amargo. Más allá de los carteles coloridos y los discursos idealistas, lo que se vio fue una convocatoria desorganizada, sin objetivos claros, y con una peligrosa tendencia a la simplificación de problemas complejos. ¿Es suficiente gritar “corrupción” sin proponer soluciones? ¿Es válido movilizar masas sin asumir responsabilidades?

La intervención policial, lejos de ser ejemplar, agravó el escenario. La detención de un joven por portar objetos punzantes encendió alarmas sobre el manejo de la seguridad en eventos públicos. ¿Dónde está el protocolo? ¿Por qué no se garantizó un entorno seguro para todos los asistentes? La presencia de fuerzas del orden debería ser garantía de paz, no motivo de tensión. Y sin embargo, la escena se volvió caótica, con versiones cruzadas, acusaciones y una evidente falta de coordinación entre organizadores y autoridades.

Lo más preocupante es el vacío que quedó después. ¿Qué se logró realmente? ¿Quién se hace cargo de las consecuencias? La política no se transforma con likes ni con consignas virales. Se construye con diálogo, con propuestas, con compromiso sostenido. Si esta generación quiere marcar una diferencia, debe hacerlo con más profundidad, más seriedad y menos espectáculo. Porque Paraguay necesita cambios reales, no solo ruido.

 

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