12 DE OCTUBRE: NADA QUE FESTEJAR, TODO POR LO QUE LUCHAR

NACIONALES (realidades, por redacción) En Paraguay, como en todo el continente, el 12 de octubre no representa una celebración, sino una herida abierta. Es la fecha que marca el inicio del genocidio colonial, el despojo de tierras, la imposición cultural y la violencia sistemática contra los pueblos indígenas. Por eso, desde la Articulación Nacional Indígena por una Vida Digna (ANIVID), se alza una voz clara: nada que festejar, mucho que resistir.

Este año, el pronunciamiento de la ANIVID reafirma la lucha de las comunidades indígenas por el reconocimiento de sus derechos fundamentales. En un contexto de desalojos forzosos, criminalización, hambre y racismo, los pueblos originarios de Paraguay siguen enfrentando desafíos estructurales que amenazan su existencia y dignidad.

Entre sus principales reclamos se destacan:

  • La restitución de tierras ancestrales y un presupuesto ampliado para su adquisición.
  • El cese inmediato de los desalojos violentos, que despojan a comunidades enteras de su hábitat tradicional.
  • La reinstalación de la sede central del INDI, actualmente en proceso de reversión gracias a la presión organizada desde el 22 de septiembre.
  • La creación de una mesa de trabajo interinstitucional que garantice el diálogo y la participación real de los pueblos indígenas en las decisiones que los afectan.

Este 12 de octubre, lejos de los discursos oficiales que aún celebran el “descubrimiento”, las comunidades indígenas de Paraguay se declaran en Asamblea Permanente. No abandonarán la lucha por el Buen Vivir, un modelo de vida que respeta la tierra, la cultura y la justicia social.

¿Qué podemos hacer como sociedad?

  • Escuchar y amplificar sus voces, compartiendo sus comunicados y demandas.
  • Exigir a las autoridades políticas el cumplimiento de sus compromisos con los pueblos indígenas.
  • Reconocer la historia real, aquella que no se enseña en los libros, pero que vive en la memoria de quienes fueron silenciados.
  • Acompañar las movilizaciones pacíficas, respetando su autonomía y apoyando sus causas.

El 12 de octubre no es una fiesta. Es un llamado a la memoria, a la empatía y a la acción. Porque la resistencia indígena no es del pasado: es presente, es urgente, y es de todos.

 

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