CIUDAD DEL ESTE (locales, por redacción) En Ciudad del Este, las internas coloradas no fueron una competencia, fueron una paliza. Roberto González Vaesken arrasó con más de 14.800 votos, mientras Rubén Azcona apenas juntó poco más de mil. Ygnacio Flores, por su parte, quedó en el olvido con menos de 200. La participación fue baja, sí, pero el mensaje fue claro: el electorado colorado esteño tiene dueño, y ese dueño se llama González Vaesken. Lo curioso es que, a pesar de la escasa concurrencia, el resultado se celebró como si fuera una final de campeonato. Porque en política, como en fútbol, lo que importa es ganar, aunque sea por walkover.
Detrás de esta victoria hay algo más que votos: hay estrategia. El Partido Colorado, especialmente el movimiento Honor Colorado, no deja nada al azar. Su fórmula es simple pero efectiva: unidad interna y marketing bien aceitado. La unidad se vende como el gran valor republicano, el pegamento que evita que el partido se desmorone en peleas intestinas. Y el marketing, bueno, ese es el arte de hacer que todo parezca épico, patriótico y urgente. Redes sociales, discursos emotivos, promesas de recuperación institucional… todo entra en el paquete. Incluso cuando el candidato ya es conocido, se lo relanza como si fuera la nueva esperanza del pueblo.
Honor Colorado sabe que la marca vende. Por eso, cada elección es una oportunidad para reforzar la imagen del partido como el salvador de la patria, el defensor de los valores tradicionales y el único capaz de poner orden en el caos. Y si hay que sumar movimientos internos bajo el paraguas de Concordia Colorada para evitar fugas, se hace. Porque en política, como en el amor, todo vale si el objetivo es no quedarse solo.
Así que sí, González Vaesken ganó. Pero más allá del número de votos, lo que ganó fue el modelo colorado de hacer política: con músculo partidario, con marketing emocional y con una unidad que, aunque a veces parezca forzada, sigue funcionando. Porque si algo sabe hacer el Partido Colorado, es reinventarse sin cambiar demasiado. Y eso, en Paraguay, sigue siendo suficiente para ganar
