Solo pregunta “¿cuánto pagás?” pero no hace mérito a eso.

¿AMAS DE CASA, DOMÉSTICAS O SIMPLEMENTE HARAGANAS?

 

CIUDAD DEL ESTE (Realidad Fatídica, por Carlos Roa) Un país donde la idiosincrasia es normal en el cotidiano de los días. ¿Qué ocurre cuando una familia busca una empleada doméstica, ama de casa, asistente, mucama, asesora de hogar? En síntesis, alguien que pueda compartir los quehaceres de un hogar.

Se solicita a través de los medios, redes sociales y hasta en las agencias de empleo, donde existen unas rigurosas interpretaciones. Por ejemplo, usted pone: “Se necesita una empleada doméstica en el barrio Añaterã’i”. Al poco rato escriben decenas de postulantes, y cada uno más tétrico que el otro.

Cuando uno solicita, evidentemente necesita los datos: una foto de perfil para saber quién es la persona, currículum y la copia de su CI. Y es ahí donde entra a tallar el caos de comunicación. La persona que solicita un trabajo lo primero que te dice es: “¿Cuánto es la paga?”, esto sin enviar los datos principales para ver si uno está de acuerdo con ella, para ver cuánto le va a pagar.

El dueño de casa o la dueña pregunta: “¿Sabés cocinar?” Ella responde: “Sí”. “¿Sabés planchar?” Ella responde: “Claro que sí”. “¿Sabés lavar ropas?” “¡Siii!” O sea que los quehaceres de la casa sabe. Y claaaaro, entonces uno dice: por fin encontré a alguien que tenga capacidad y condiciones, y marca la entrevista.

Esta dice: “Pásame la ubi”. Y uno le pasa la ubicación. Dice: “Ya enseguida llego”. Y ahora ya se pasaron 15 días y todavía no llegó.

Y como esta son la mayoría que suelen salir al paso de querer trabajar, pero en síntesis tienen miedo cuando se les exige hacer las cosas como se debe. Algunas que otras vienen y les contratás si necesitás, porque uno está en una situación que debe tener a alguien que haga los quehaceres del hogar mientras los patrones salen a trabajar. Porque evidentemente tienen que trabajar para poder pagarle el sueldo.

Uno pone dos millones, por ejemplo, de piso, y de repente no viene porque no se sabe qué, o quieren más, o porque viven lejos del lugar de trabajo y no va a compensar tomar dos colectivos para llegar al empleo. Serían diez mil para venir y diez mil para irse, que son veinte mil por día solo en pasaje. Por semana serían 120 mil y por mes sería 500 mil que tiene que ella pagar.

A esto se le suma una suerte de que algunas solicitantes de trabajo tengan móvil, pero también hay un “pero” entre el venir a trabajar, el querer trabajar o simplemente querer venir a haraganear. Porque en el diálogo primario ellas hacen de todo, y en su mayoría quienes se postulan aspiran a trabajar solamente en el Country Club, porque ahí ndaje los delincuentes de guantes finos de la comarca del country pagan bien.

Pero estas llegan al country a trabajar, y en la semana las despiden pero a patadas, porque son peurcas, no saben hacer, no tienen finalidad. En síntesis, no están preparadas. Y es ahí donde entra la idiosincrasia de la mayoría de los paraguayos, que no aprenden a hacer las cosas como se debe y utilizan el mecanismo “a la bartola”, que causa un efecto colateral a los dueños de casa que tienen que salir a trabajar pero también tener a alguien en la casa para que haga la limpieza, lave la ropa, planche, cocine y deje la casa en condiciones para que cuando vengan las visitas por lo menos piensen o digan: “Qué suerte, esta casa está bien aseada y los dueños son limpios”.

Las agencias de trabajo ya no existen. Solo hay algunas plataformas que tienen el nombre “Busco Trabajo, Doy Trabajo”, pero nunca esta plataforma sabe ni tiene nombre de personas para catalogar y prepararlas para que dicho empleo sea beneficioso. Y no simplemente envía a una ama de casa irresponsable, sin criterio y sin dar esa alegría que los patrones desean de estas empleadas que estarían en la casa formando parte de las familias y que solamente le dan a los patrones un akã kuru jefe.

¿Hasta cuándo será???

 

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