LO QUE VES CUANDO ME MIRAS

CIUDAD DEL ESTE (tendencias) Has dicho que soy una obra de arte. Quizá para ti lo sea, aunque si así fuera, aún estaría por terminar. Siempre faltará un trazo, un color, un detalle en esa obra que la haga, según yo, verdaderamente digna de admirar.

Mi piel, nívea y suave, iluminada por el sol, decías que te encantaba, que era magia pura cómo brillaba. Un deleite para tus ojos, una droga dulce para tu vista, como si cada rayo que me tocaba encendiera algo en vos.

Hablas de inteligencia, de esa capacidad que ves en mí para ser y hacer lo que desee, sin miedo, sin límites. Y en ese momento, cuando me lo decís, hay tanta belleza en tus palabras que me cuesta creer que hablen de mí.

Insistís en mi fortaleza, aunque yo no la reconozca. Decís que está ahí, latente, viva, como una llama que no se apaga ni en los días más oscuros. Y yo, incrédula, me pregunto si realmente la ves o si la soñás.

Mis ojos…, ya no sabés cómo describirlos. Pero sí sabés que son el mar donde querés bañarte, el primer paisaje que deseás ver al despertar, como si en ellos encontrases paz, profundidad, refugio.

Demasiado…, demasiado pienso, demasiado siento… Y eso, lejos de asustarte, te parece hermoso. Te conmueve cómo peleo por mejorar, por cada intento, por cada paso que doy hacia una versión más libre de mí.

Demasiado profunda, decís. No sé quedarme en la superficie, no sé flotar. Buceo hasta el fondo del mar, donde pocos se atreven a mirar, donde el silencio pesa y la verdad se revela sin disfraces.

Las líneas de mi cuerpo las admirás. Cada surco, cada defecto, cada lunar… Te perdés en ellos como si fueran mapas secretos, te encanta jugar, explorar, descubrir.

Es tu patio de colegio, decís, el lugar donde sos libre, donde no hay reglas ni relojes. Porque en ese instante, mi cuerpo es tuyo, para que lo puedas contemplar, para que lo puedas habitar.

Tu carne que degustar, tu templo, tu cálido hogar, tu deseo hecho forma. Lo que desees será, decís, como si yo fuera la respuesta a todas tus preguntas, a todas tus búsquedas.

Afirmás que cada pedacito de mí es digno de admirar, que soy la obra de arte perfecta. Y yo, con los pies en la tierra, te digo que no es verdad. No sos objetivo, no podés serlo… porque amás.

Y todos sabemos que el amor ciega, que no le importa lo que le digan, que es fiel a su fe. “Eres una obra de arte perfecta” —decís, y en esta obra, mi palabra es ley.

 

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