CIUDAD DEL ESTE (tendencia, por Esteban Ross) En un mundo que nos exige ser todo al mismo tiempo ser madre ejemplar, esposa perfecta, profesional impecable, ama de casa incansable, mujer fuerte, olvidamos lo más importante: ser nosotras mismas. Nos han enseñado que debemos cargar con todo, que la medida del amor es el sacrificio, que la entrega sin descanso es la única forma de demostrar valor. Pero la verdad es otra: cuando el cuerpo se quiebra, cuando la salud reclama atención, serán pocos los que recuerden que intentaste serlo todo en una sola.
La casa puede esperar. El polvo volverá, los platos se acumularán, la ropa se ensuciará de nuevo. El trabajo encontrará reemplazo en cuestión de días. Los hijos crecerán y seguirán su camino. El marido puede quedarse o puede irse. Pero tú, tu cuerpo, tu mente, tu esencia, no tienen reemplazo. No hay segunda oportunidad para la vida que descuidamos.
Por eso, descansa. Ve al parque y siente el aire fresco. Camina sin prisa, escucha tu respiración. Regálate un gimnasio, un salón, una tarde de sueño prolongado. Ponte la ropa que te gusta, no la que esperan los demás. Sé tú, sin disfraces ni exigencias. Cuídate, ámate, y hazlo exclusivamente por ti. Porque tu bienestar no es un lujo, es una necesidad.
La sociedad nos ha vendido la idea de la “supermujer”, capaz de sostenerlo todo sin quebrarse. Pero esa imagen es una trampa. No necesitamos ser super nada. Necesitamos ser humanas, con derecho al cansancio, al descanso, al placer de existir sin deberes pendientes. Resistir no significa agotarse hasta el límite; resistir significa saber cuándo parar, cuándo decir “basta”, cuándo elegirnos a nosotras mismas.
El verdadero acto de amor propio es entender que la vida no se mide por lo que producimos, sino por lo que disfrutamos. Que la fortaleza no está en cargar con todo, sino en reconocer que no podemos ni debemos hacerlo. Que el descanso no es pérdida de tiempo, sino recuperación de sentido.
Así que deja de exigirte lo imposible. Descansa. Porque la casa se ensucia de nuevo, el trabajo se reemplaza, los hijos siguen creciendo… pero tú, tú eres única, y tu vida merece ser vivida con plenitud.
