CIUDAD DEL ESTE (tendencia, por Redacción) Tu voz no me acaricia, me sacude. Cada vez que hablas, el aire vibra con fuerza y la habitación entera parece temblar bajo tu presencia. No importa lo que digas, porque lo que me atraviesa es el sonido mismo, esa vibración que me golpea y me cambia el ánimo en un instante.
Tu voz me arranca del silencio, me despierta, me devuelve la calma que necesito. Es contención, es seguridad, es la certeza de que puedo soltar el miedo y descansar en esa energía que me envuelve. Cuando hablas, todo se transforma: el aire se mueve, mi corazón se aquieta y yo encuentro equilibrio en medio del caos.
Pero no es solo calma lo que me das. Tu voz me enciende, me moja como un río desbordado que corre entre mis piernas, haciéndome estremecer con cada vibración que sale de tu boca directo a mi centro ardiente.
