CIUDAD DEL ESTE (investigación, por Carlos Roa) Hace más de 125.000 años, cuando la vida dependía del ingenio y de aprovechar cada recurso disponible, los neandertales descubrieron algo que la ciencia recién empezó a estudiar en profundidad hace pocas décadas. Mientras cazaban o recogían restos de animales, notaron que dentro de los huesos más gruesos había una sustancia blanda, grasa y sorprendentemente nutritiva: la médula ósea, el tuétano, lo que en Paraguay conocemos como karaku.
No se conformaban con la carne visible. Sabían que dentro de los fémures, húmeros y otros huesos grandes se escondía una reserva de energía que podía marcar la diferencia entre sobrevivir o pasar hambre. La evidencia arqueológica muestra que rompían los huesos con piedras y herramientas simples, pero con una técnica que no era improvisada. Las marcas encontradas en restos fósiles revelan que aprendieron, generación tras generación, la mejor manera de fracturar los huesos sin destruir el preciado contenido interno.
Para ellos, el tuétano era un combustible esencial, especialmente durante los inviernos del Pleistoceno, cuando la caza escaseaba y cada parte del animal debía ser aprovechada al máximo. Esa grasa densa y rica en calorías les daba calor, energía y resistencia. Sin saberlo, estaban consumiendo un alimento que hoy se reconoce como beneficioso para el sistema inmunológico, el cerebro y la salud ósea. Es decir, intuían lo que la ciencia moderna confirma: el karaku no solo alimenta, también fortalece.
Este hábito ancestral demuestra que los neandertales no eran simples sobrevivientes, sino observadores atentos de la naturaleza. Comprendieron el valor nutritivo de los recursos que tenían a su alcance y desarrollaron una forma temprana de procesamiento de alimentos. Romper huesos para extraer tuétano no era solo una acción práctica, era una muestra de inteligencia adaptativa, de planificación y de una profunda conexión con su entorno.
Hoy, cuando el karaku sigue presente en la cocina paraguaya como parte de sopas y caldos tradicionales, es fácil olvidar que este alimento humilde fue, en su momento, una de las claves de la supervivencia humana. Lo que para nosotros es sabor y tradición, para ellos fue vida.
