SOY DE ELLA, INCLUSO ANTES DE SABERLO

CIUDAD DEL ESTE (Tendencia por Carlos Roa) Y aun así, aunque no lo diga en voz alta, su sonrisa y esa mirada tierna que tiene son lo que me despierta cada día con el pensamiento fijo en ella. Me levanto con la ilusión de verla, de hablarle, de sentir su presencia cerca, de compartir tiempo a su lado aunque las horas se escapen como si el mundo se acelerara cuando estoy con ella. Porque cuando la tengo enfrente, todo se detiene, todo queda en pausa, y siento que el mundo entero cabe en mis manos, que no existe nada más que ella, en mi vida y en mi universo.

De pronto me descubro a mí mismo entregado por completo, sin ser dueño de mis horas ni de mis días, porque cada minuto y cada segundo parecen pertenecerle. Mis madrugadas son suyas, igual que cada pensamiento que cruza mi cabeza, no porque yo lo haya decidido, sino porque el destino lo quiso así. Solo puedo pensar en verla, en sentirla, en amarla. No aguanto el momento de volver a encontrarme con ella, incluso cuando acabo de despedirme. Hay algo en su presencia que me llama, que me arrastra, que me hace querer abrazarla y quererla bonito, como nadie lo hizo jamás, llenándola de recuerdos que duren toda la vida, incluso más allá de la muerte.

Quiero que cada lugar donde estuvimos conserve nuestra esencia, que nuestra ausencia se sienta como un eco que no se apaga. Quiero que nos queramos tanto que el mundo entero sienta celos al ver un amor que no se repite, que no se copia, que no se explica. Quiero que mis besos marquen su piel como fuego ardiente, dejando la huella de que es mía, que mis besos la llenen el alma y el cuerpo hasta convertirse en suspiros que abran espacio para más. Porque cuando la amo, no lo hago a medias: la amo con todo lo que soy, con todo lo que tengo, con todo lo que me queda.

 

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