EL DESEO QUE NO SABE OBEDECER

CIUDAD DEL ESTE (tendencia, por Carlos Roa) Le pides paciencia a este corazón que no deja de nombrarte, a estas manos que te buscan incluso cuando ya no pueden más, y pretendes que mi imaginación haga silencio solo porque vos callás. Me empujás con fuerza hacia tu nada, hacia ese espacio donde te escondés, y aun así esperás que yo permanezca quieta, dócil, esperando tu regreso. Pero no entiendes que hay cosas que no puedo contener: la necesidad de tu voz, el impulso de encontrarte, el deseo que se enciende incluso cuando vos apagás todas las luces.

Pídeme todo, menos que renuncie a tu boca, esa que me recibe con palabras ariscas pero que igual me llama. No me pidas que deje atrás tus susurros solitarios, esos que agradecen la calidez de mis caricias aunque vos no lo digas. No me pidas que olvide tus besos que me intimidan, que me desarman, que suenan como canciones en los amaneceres que compartimos sin querer admitirlo. No le pidas paciencia a esta loca que se enternece con tus berrinches, que quiere comerse tus miedos, coser tus heridas y perderse sin remedio en los laberintos de tu cuerpo.

Pídeme todo, menos que calme mis pensamientos cuando sos vos quien los enciende. Compensá mi amabilidad con tu lujuria, apropiate de mi libertad y de mi orgullo si eso es lo que querés, pero no esperes que este corazón deje de reclamar tu presencia. Porque no sé amar a medias, no sé esperar sin sentir, no sé fingir que no me importás. Y aunque me pidas paciencia, lo único que tengo para darte es esta intensidad que te busca, te nombra y te desea incluso cuando vos te escondés.

 

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