CUANDO UN DERECHO SE CONVIERTE EN UN TRÁMITE INTERMINABLE

 

CIUDAD DEL ESTE (Nacionales, por Redacción) Acceder a un beneficio del Estado en Paraguay parece más una carrera de obstáculos que un derecho garantizado. Los adultos mayores que buscan el pago de la tercera edad, o las personas con discapacidad que intentan recibir el apoyo correspondiente, se enfrentan a un laberinto de trámites interminables. Todo comienza con la inscripción previa, que lejos de ser un paso sencillo, se convierte en una odisea marcada por filas, papeles, requisitos y la eterna espera de que “el sistema” los acepte.

La burocracia se multiplica en cada oficina. Se piden documentos que ya fueron entregados en otra ventanilla, se exige la firma de un funcionario que nunca está, se solicita una constancia que solo se consigue en otra ciudad. El ciudadano se convierte en un peregrino que va de institución en institución, cargando carpetas y esperanzas, mientras el tiempo pasa y la necesidad aprieta.

El Estado promete beneficios, pero los entrega con cuentagotas y a costa de desgastar a quienes más lo necesitan. Los adultos mayores, que deberían recibir un trato digno y ágil, terminan haciendo colas bajo el sol, repitiendo su historia una y otra vez frente a funcionarios que parecen más guardianes de un tesoro que servidores públicos. Las personas con discapacidad, que requieren apoyo urgente, se ven obligadas a demostrar su condición en trámites que rozan lo absurdo, como si la burocracia desconfiara de su realidad.

El resultado es un sistema que desalienta, que desgasta, que convierte un derecho en un favor. La inscripción previa, que debería ser un trámite rápido y claro, se transforma en un filtro excluyente. Y mientras tanto, los beneficiarios esperan meses, incluso años, para que finalmente se reconozca lo que les corresponde.

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