CERTÁMENES MASCULINOS, ENTRE PREJUICIOS Y ORGULLO NACIONAL

ANDRÉS VERA, MISTER TEEN UNIVERSE 2025

 

CIUDAD DEL ESTE (Internacionales, por Redacción) En Panamá se celebró recientemente un certamen internacional de belleza masculina que, aunque poco conocido en Paraguay, marcó un hito para el país. El evento reunió a jóvenes de distintos lugares del continente en jornadas de concentración previas, donde no bastaba con mostrar apariencia física: se evaluaba carisma, liderazgo, capacidad de comunicación y lo que los organizadores llaman “belleza con propósito”. Durante varios días, los participantes convivieron, asistieron a actividades culturales y sociales, y fueron sometidos a pruebas que buscaban resaltar no solo la estética, sino también la personalidad y el compromiso social de cada uno.

En Paraguay, este tipo de concursos sigue siendo un terreno poco explorado. Son pocos los hombres que se animan a participar en certámenes de belleza, en parte porque existe un tabú muy marcado: se los asocia rápidamente con la homosexualidad o con una supuesta falta de “masculinidad” en un país donde todavía pesa una cultura machista. Esa mirada prejuiciosa hace que muchos desestimen la importancia de estos espacios, que en realidad buscan abrir puertas a la representación internacional, a la moda, al modelaje y a la visibilidad de talentos jóvenes.

El certamen en Panamá fue un ejemplo de cómo estas competencias intentan romper estereotipos. Los organizadores insistieron en que la belleza física es solo un componente, y que lo que realmente se busca es un embajador cultural capaz de transmitir valores, identidad y proyectos personales. En ese contexto, el paraguayo Andrés Vera se destacó y logró llevar el nombre del país a lo más alto. Su triunfo no solo le otorgó un título internacional, sino que también lo convirtió en referente de una generación que empieza a desafiar los prejuicios y a demostrar que la participación masculina en estos concursos no debería ser motivo de estigma.

El logro de Andrés es doble: por un lado, ganó un certamen que exige disciplina, preparación y talento; por otro, abrió un debate en Paraguay sobre la necesidad de superar los tabúes que rodean a los concursos de belleza masculina. En un país donde todavía se cuestiona si estos espacios son “correctos” o “aceptables”, su victoria muestra que la representación internacional también puede venir de ámbitos poco tradicionales, y que la belleza, entendida como presencia, propósito y carisma, no tiene por qué estar limitada por prejuicios culturales.

 

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