CIUDAD DEL ESTE (Salud, por Redacción) Más paraguayo que la mandioca. Esa frase tan popular resume perfectamente la relación que tenemos con este alimento: está en nuestras mesas, en nuestras historias y en nuestra identidad. La mandioca —o yuca, como se la conoce en otros países— no es solo un acompañamiento, es un símbolo de la cocina paraguaya y un ingrediente que nos conecta con nuestras raíces guaraníes.
La mandioca es originaria de América del Sur y desde tiempos precolombinos ya era cultivada por los pueblos guaraníes. Con la llegada de los españoles, su consumo se expandió aún más, y hasta hoy sigue siendo parte esencial de nuestra dieta. En Paraguay se produce en casi todo el territorio, especialmente en zonas rurales, donde forma parte de la economía familiar y de la cultura gastronómica. No por nada se la llama “el pan paraguayo”: en muchos hogares reemplaza al pan y acompaña tanto el almuerzo como la cena.
Lo simpático de la mandioca es que se adapta a todo. Se puede hervir y servir al lado de una buena sopa paraguaya, freír para que quede crocante, usar en chipas o mbejú, o incluso en postres y panes. En otros países la preparan en arepitas, buñuelos, purés o rellenos, pero aquí la versión más clásica sigue siendo la cocida, servida en la mesa como infaltable compañera.
En cuanto a sus beneficios, la mandioca es un alimento rico en carbohidratos y almidón, lo que la convierte en una gran fuente de energía. También aporta fibra, vitamina C, vitaminas del grupo B, potasio y manganeso, nutrientes que ayudan a la digestión, fortalecen el sistema inmunológico y contribuyen a la salud de los músculos y articulaciones. Su fibra ayuda a mantener la sensación de saciedad, lo que puede ser útil para controlar el apetito, y además favorece el buen funcionamiento del intestino. Incluso se le atribuyen propiedades antiinflamatorias, que benefician a las articulaciones y los tendones.
Otro punto positivo es que la mandioca es libre de gluten, lo que la hace ideal para personas celíacas o con intolerancia. De hecho, la harina de mandioca se usa cada vez más en la cocina moderna para preparar panes y masas aptas para todos.
En definitiva, la mandioca no es solo un alimento típico: es parte de nuestra identidad cultural y un aliado para la salud. Nos da energía, nos conecta con la tradición y nos recuerda que lo sencillo también puede ser poderoso. Así que, cuando alguien diga “más paraguayo que la mandioca”, no solo estará hablando de costumbre, sino también de un alimento que nos nutre y nos representa.
