EL PRECIO DE SILENCIAR LAS EMOCIONES

 

CIUDAD DEL ESTE (Salud, por Redacción) Cuando callamos lo que sentimos, nuestro cuerpo lo sabe. Aunque intentemos ocultar emociones, ellas buscan salida y muchas veces terminan manifestándose en forma de malestar físico. Guardar tristeza, enojo o miedo puede convertirse en una carga que se acumula en el pecho, en la garganta o en el estómago. Es como si el cuerpo se transformara en un espejo de lo que no nos animamos a decir.

El silencio emocional no siempre es paz; a veces es tensión. La garganta se aprieta, el corazón late más fuerte, los músculos se endurecen. El cuerpo habla cuando la voz se calla. Y ese lenguaje silencioso puede convertirse en dolores recurrentes, cansancio, insomnio o incluso enfermedades que parecen no tener explicación.

Expresar lo que sentimos no significa gritarlo todo ni perder el control. Se trata de reconocer nuestras emociones y darles un espacio sano. Hablar, escribir, compartir con alguien de confianza, llorar si hace falta: son formas de liberar lo que pesa adentro. Cuando lo hacemos, el cuerpo se relaja, la respiración se vuelve más ligera y la mente encuentra calma.

Callar puede parecer más fácil, pero a la larga es más costoso. El cuerpo guarda memoria de lo que no decimos y tarde o temprano lo hace notar. Por eso, aprender a expresar lo que sentimos es también una forma de cuidar nuestra salud.

 

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