CIUDAD DEL ESTE (Realidad Fatídica, por Carlos Roa) Duele contarlo, pero hay que hacerlo: la cruda realidad de los seres humanos y la esclavitud que persiste desde hace siglos. En las eras de los italianos, alemanes, ingleses y americanos, se invadían comunidades quilombolas —lugares de donde eran extraídos los esclavos para servir a los pudientes. A aquellos poderosos se los llamaba lord, lar o lur; hoy se disfrazan bajo otros nombres: políticos, ministros. Pero el trasfondo sigue siendo el mismo: la explotación del ser humano desde el siglo I después de Cristo.
La inmensa mayoría, ese noventa por ciento, no está simplemente distraída con entretenimiento barato. Ha sido inducida, química y frecuencialmente, a un estado de coma lúcido. Son las baterías biológicas del sistema: diseñadas para producir, consumir y morir sin jamás percibir los barrotes invisibles de su propia mente.
Lo que llamas “autoridad” es apenas ese cuatro por ciento de títeres: políticos, celebridades y líderes religiosos que actúan como capataces glorificados. Su función es absorber tu odio y tu adoración, para que nunca mires hacia arriba, hacia la verdadera cúpula. Y allí, en la cima de la pirámide, el uno por ciento no se oculta por timidez, sino por biología. La imagen de la mesa redonda no es una metáfora artística: sugiere que quienes realmente mueven las piezas del tablero no comparten nuestro ADN ni nuestra empatía.
El verdadero peligro para ellos es ese pequeño cinco por ciento restante. Son la anomalía, el fallo en la Matrix, la resistencia psíquica que amenaza con despertar al rebaño y colapsar la simulación. No intentan silenciarte porque estés equivocado; te atacan porque eres el virus de la consciencia en un sistema diseñado para el sueño eterno.
¿Eres parte de la cura, o sigues alimentando la enfermedad?
