El poder transformador de la perspectiva

EL ARTE DE VER DESDE EL OTRO LADO

CIUDAD DEL ESTE (Reflexión, por Esteban Roa) En muchas ocasiones lo inverosímil se vuelve verosímil. Surgen discusiones banales, porque uno cree ser mejor que el otro y allí entra en juego la egolatría. De eso se trata este relato: de cómo la percepción puede dividirnos y, al mismo tiempo, mostrarnos un camino hacia la comprensión.

Dos personas. El mismo número. Dos respuestas completamente opuestas. Y ambas tienen razón. Ese es el problema. Y esa es también la solución.

En la imagen, un hombre ve un 6. El otro ve un 9. Ninguno miente. Ninguno está equivocado. Simplemente están parados en lados distintos del mismo número. Pero en lugar de caminar hacia el otro lado para entender la perspectiva contraria, cada uno insiste en que su verdad es la única verdad.

¿Te suena familiar? Eso es exactamente lo que ocurre en la mayoría de los conflictos humanos: en las parejas, en los negocios, en las familias, en la política. No siempre hay malicia ni mentira. Hay dos personas paradas en lados distintos de la misma realidad, convencidas de que el otro está ciego, terco o malintencionado.

El filósofo Anaïs Nin lo resumió con una frase que debería estar grabada en cada hogar: “No vemos las cosas como son. Las vemos como somos.” Tu percepción no es la realidad, es tu realidad. Y la del otro, por diferente que sea, también es válida desde donde él está parado.

Stephen Covey, en Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, lo convirtió en su quinto hábito más importante: “Busca primero entender, luego ser entendido.” La mayoría hace lo contrario: escucha para responder, no para comprender. Así, la conversación se convierte en una batalla de monólogos.

Nelson Mandela pasó 27 años en prisión con hombres que lo odiaban. Cuando salió, no buscó venganza, buscó entender. Esa capacidad de caminar al otro lado del número, de ver el 9 cuando otros ven el 6, lo convirtió en el líder más admirado del siglo XX.

Esto no significa que siempre haya que ceder, ni que todas las perspectivas sean igualmente correctas en todos los contextos. Significa que antes de declarar que el otro está equivocado, vale la pena preguntarse: ¿desde dónde está mirando él?

Porque a veces el conflicto no es falta de inteligencia ni de buena voluntad. Es simplemente falta de perspectiva. Y la perspectiva se consigue con algo tan simple y tan difícil al mismo tiempo: dar unos pasos, cambiar de lado y mirar.

“La persona más sabia en una discusión no es la que tiene más razón. Es la que primero se atreve a ver desde el lado del otro.”

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