CIUDAD DEL ESTE (Realidades por Carlos Roa)El pueblo guaraní constituye una de las culturas originarias más antiguas y extendidas de Sudamérica. Su presencia se remonta a la cuenca del Plata, ocupando territorios que hoy corresponden a Paraguay, Brasil, Argentina y Bolivia, mucho antes de que existieran las divisiones políticas modernas. Investigaciones arqueológicas señalan que su origen amazónico se expandió hacia el sur a través de los ríos Paraguay y Paraná, consolidando una vasta área cultural que abarcaba miles de kilómetros. En el siglo XVII, los jesuitas fundaron las célebres reducciones guaraníes en regiones que hoy pertenecen a Argentina y Brasil, configurando un espacio de convivencia y resistencia frente a la colonización europea.
En Paraguay, el guaraní no solo sobrevivió, sino que se convirtió en un símbolo nacional. La Constitución lo reconoce como lengua oficial, y más del 80% de la población lo habla cotidianamente, reflejando la profunda mezcla entre españoles y guaraníes que dio origen a la identidad paraguaya. En contraste, en Brasil existen más de 50.000 guaraníes que enfrentan conflictos por tierras y buscan reconocimiento estatal, especialmente en estados como Mato Grosso do Sul y Paraná. En Argentina, comunidades guaraníes habitan provincias como Misiones y Corrientes, pero muchas veces son invisibilizadas en el discurso nacional, pese a su aporte cultural y lingüístico.
La pregunta central es quién honra y quién niega a los guaraníes. Paraguay los ha integrado en su identidad nacional, mientras que en Brasil y Argentina la lucha continúa por tierras, visibilidad y derechos. Bolivia, por su parte, reconoce a los guaraníes como uno de sus pueblos originarios, con presencia significativa en Santa Cruz y Tarija. La historia demuestra que los guaraníes nunca fueron “solo paraguayos”: son un pueblo transnacional, anterior a las fronteras, que sigue recordándonos que la identidad sudamericana está marcada por raíces indígenas profundas. Negarlos es negar nuestra propia historia; reconocerlos es honrar la memoria compartida de la región.
