Entre hormonas y microorganismos

EL BESO: PLACER Y BACTERIAS

 

CIUDAD DEL ESTE (Curiosidades por Carlos Roa) El beso apasionado previo a la intimidad es mucho más que química y emociones; desde el punto de vista anatómico, constituye uno de los intercambios biológicos más intensos que existen. La boca es un territorio lleno de vida y cada beso abre la puerta a un universo microscópico compartido.

Un beso de apenas diez segundos puede transferir hasta 80 millones de bacterias. Este intercambio ocurre a través de la saliva, que funciona como vehículo del microbioma oral. Aunque pueda sonar alarmante, la mayoría de estos microorganismos cumplen un papel beneficioso, ayudando a entrenar y fortalecer el sistema inmune.

Además, el beso actúa como una prueba inconsciente de compatibilidad. Al compartir bacterias y hormonas, el cuerpo evalúa la afinidad genética de la pareja. Si el intercambio resulta positivo, se liberan dopamina y oxitocina, hormonas que refuerzan el vínculo y preparan el terreno para la intimidad.

Sin embargo, la mucosa oral es delicada. Pequeñas lesiones o una higiene deficiente pueden facilitar la transmisión de virus como el herpes o bacterias que provocan caries. Mantener una boca sana es esencial: la limpieza se traduce en placer sin consecuencias, y la salud bucal se convierte en el primer filtro de la salud sexual.

En cada beso de película se comparte, en realidad, una auténtica ciudad de microorganismos. Este gesto romántico es también un recordatorio de la compleja interacción entre placer y biología.

 

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