CIUDAD DEL ESTE (Salud, por Carlos Roa) No es pereza ni falta de atención; es pura bioquímica. El contacto físico intenso y el orgasmo desencadenan una respuesta hormonal que apaga el sistema de alerta del cuerpo y activa el modo de recuperación. La protagonista de este proceso es la prolactina, que tras el clímax se eleva para inhibir la dopamina, la sustancia que nos mantiene excitados y despiertos.
Al disminuir la dopamina, el cerebro recibe la señal de relajarse y desconectar. El contacto piel con piel libera oxitocina, que reduce el cortisol y facilita la entrada en fases de sueño profundo, donde ocurre la verdadera reparación celular. Aunque se cree que este efecto es exclusivo de los hombres, las mujeres también experimentan el aumento de prolactina, mejorando la calidad del descanso y fortaleciendo el sistema inmune.
El deseo consume gran energía, y la prolactina asegura que la maquinaria se detenga para recuperarse. Este sueño inducido suele ser más reparador que el habitual, pues el cuerpo entra en un estado de satisfacción y seguridad biológica antes de cerrar los ojos.
