CIUDAD DEL ESTE (Nutrición, por Charly Friendz) Los brotes son pequeñas plantas en su primera etapa de crecimiento y concentran una gran cantidad de nutrientes que el cuerpo aprovecha con facilidad. Al germinar, las semillas liberan enzimas y compuestos bioactivos que no están presentes en la misma proporción en el grano seco. Por eso, consumir brotes de brócoli, soja o lenteja se considera una forma práctica de potenciar la dieta con vitaminas, minerales y antioxidantes.
Los brotes de brócoli, por ejemplo, son ricos en sulforafano, un compuesto que activa mecanismos antioxidantes celulares y protege los pulmones y el sistema cardiovascular. Los de soja aportan proteínas de alta calidad y fitoestrógenos que favorecen la salud ósea y hormonal. Los de lenteja, por su parte, concentran hierro, ácido fólico y fibra, convirtiéndose en aliados para la energía y la digestión. Al ser alimentos vivos, su consumo regular ayuda a mantener la microbiota intestinal en equilibrio, lo que repercute en la inmunidad y en el bienestar general.
Incorporarlos en la alimentación es sencillo: pueden añadirse crudos a ensaladas, colocarse sobre tostadas, mezclarse en batidos o apenas pasarse por vapor para conservar sus enzimas activas. La tradición mediterránea ya los consideraba un “aliento de vida” para los mayores, y hoy la ciencia confirma que estos brotes son un combustible biológico que favorece la regeneración celular y la claridad respiratoria. Con constancia, se convierten en un recurso natural para reforzar la vitalidad y la salud a cualquier edad.

