CIUDAD DEL ESTE (Curiosidades por Charly Friendz) El dimetilsulfóxido, conocido como DMSO, es un líquido orgánico que se obtiene como subproducto en la fabricación de papel, específicamente durante el procesamiento de la pulpa de celulosa. Fue identificado a finales del siglo XIX por el químico ruso Alexander Zaytsev, pero recién en la década de 1960 llamó la atención de la medicina. Su capacidad para atravesar la piel y llegar rápidamente al torrente sanguíneo lo convirtió en un vehículo potencial para transportar medicamentos. El famoso episodio del sabor a ajo que sentían quienes lo manipulaban fue la primera pista de su sorprendente penetración en los tejidos humanos.
El interés médico en el DMSO se debe a que puede actuar como antiinflamatorio y antiespasmódico. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) lo aprobó para un uso específico: el tratamiento de la cistitis intersticial, una enfermedad crónica de la vejiga que provoca dolor y molestias. En este contexto, se aplica directamente en la vejiga mediante soluciones o geles, ayudando a reducir la irritación y mejorar la capacidad del órgano. Aunque se han estudiado otros posibles beneficios, como aliviar dolor o transportar fármacos a través de la piel, su uso clínico sigue siendo limitado y regulado.
Es importante aclarar que el DMSO no es una “cura milagrosa” ni un tratamiento experimental como la idea de regenerar dientes en adultos. Esa comparación no es válida: mientras que el crecimiento de un diente nuevo en adultos es solo una posibilidad en investigación, el DMSO sí se utiliza en medicina, aunque en un campo muy específico. Su empleo fuera de indicaciones aprobadas sigue siendo objeto de debate y requiere supervisión médica. En resumen, el DMSO es real, tiene aplicaciones concretas y comprobadas, pero no es un remedio universal ni un experimento sin base científica.
