CIUDAD DEL ESTE (Reflexión por Charly friendz) Arthur Schopenhauer lanzó una de esas verdades que incomodan, que duelen, pero que al mismo tiempo nos obligan a mirarnos en el espejo:
“Los seres humanos son los diablos de la tierra y los animales las almas atormentadas.”
Cruel, sí. Pero basta abrir los ojos para entender de dónde nace esa idea. El animal mata por hambre. El hombre, muchas veces, por orgullo. Por poder. Por ego. Por placer.
Los animales siguen su instinto. Nosotros, teniendo razón y conciencia, elegimos herir. Traicionar. Destruir. Humillar.
Y eso hace más pesada nuestra responsabilidad. Porque no podemos escondernos detrás de la “naturaleza”. Sabemos lo que hacemos. Y aun así lo hacemos.
Quizá por eso Schopenhauer admiraba tanto a los animales. Porque en ellos veía lo que escasea en los humanos: pureza. No aparentan. No manipulan. No mienten. Solo son.
Tal vez la verdadera evolución no sea volverse más inteligente… sino más consciente. Más compasivo. Más humano.
Porque lo terrible no es tener oscuridad dentro. Lo terrible es alimentarla.
