CIUDAD DEL ESTE (Reflexión, por el Avispón) Kape, esto te va a doler, pero es una verdad absoluta. Si una mujer te trata mal, te ignora, te falta al respeto o te deja plantado a última hora, el problema de fondo no es ella. El problema sos vos, porque vos le enseñaste que tiene permiso para hacerte eso.
Así funciona la psicología de los límites y así es como un tipo firme recupera el control de su vida:
- La escuela de la tolerancia: Cada vez que te bancaste una desatención sin decir nada, cada vez que le rogaste después de que ella la pifió y cada vez que estuviste disponible como un perrito, le diste una lección en silencio. Le enseñaste que tus límites son de papel. Aprendió que no importa cuánto te pisotee, vos vas a seguir ahí detrás de ella, validándola y justificando sus faltas de respeto.
- El olor a desesperación: La atracción y el respeto jamás van de la mano con la desesperación. Cuando una mujer siente que tenés pánico a perderla, te volvés su prisionero emocional. Sabe que puede hacer lo que se le cante porque vos ya le demostraste que preferís regalar tu dignidad antes que quedarte solo. Y en el segundo exacto en que nota ese miedo, chau respeto. Se muere para siempre.
- La postura de un hombre firme: Un tipo con carácter no negocia su tranquilidad ni se pone a mendigar explicaciones de por qué merece ser tratado bien. Simplemente marca una línea que no se cruza. Si no hay el mismo interés y respeto, junta sus cosas y se borra. No arma drama, no hace berrinche, no ruega. Entiende perfectamente que el castigo más pesado que existe para alguien que no te valora es tu propia ausencia.
La regla de oro: El respeto no se pide por favor, se impone teniendo la capacidad de dar un paso al costado. Si tenés que estar mendigando para que te traten con decencia, ya perdiste. Dejá de premiar los malos tratos regalando tu tiempo y tu atención. Ponete firme con tus exigencias y tené los pantalones bien puestos para retirar tu presencia a la primera falta de respeto.

