CIUDAD DEL ESTE (Realdiades por Charly Friendz) En el Paraguay actual, el debate sobre la protección de la fauna urbana cobra cada vez más fuerza en las agendas legislativas, impulsándose mesas de trabajo para reformar la normativa vigente (Ley N.º 7513/2025 de Bienestar Animal) con el fin de elevar las penas de cárcel hasta 8 años para los casos más extremos de crueldad y muerte de animales. Sin embargo, ninguna ley punitiva será completamente efectiva si como sociedad no entendemos que los animales domésticos —principalmente perros y gatos— no son objetos descartables ni juguetes, sino seres sintientes capaces de sentir dolor, miedo, frío y afecto, cuya existencia depende enteramente de la empatía y madurez de los seres humanos que los rodean.
Una de las caras más crueles de la irresponsabilidad humana se observa en las calles de nuestras ciudades, donde es común encontrar animales sueltos a su suerte, expuestos al hambre, a atropellamientos viales y a la maldad de transeúntes desalmados capaces de herirlos o envenenarlos. A esto se suma la peligrosa práctica de mantener perros permanentemente atados con cadenas cortas o encerrados en espacios minúsculos, lo que genera frustración, agresividad y graves lesiones físicas. Un animal en estas condiciones no solo sufre un profundo tormento psicológico, sino que al escapar o deambular sin control se convierte en un riesgo latente, pudiendo atacar a peatones, motociclistas o niños, provocando accidentes que luego, injustamente, terminan pagando los propios animales con agresiones peores.
Para romper este ciclo de abandono y violencia, la tenencia responsable exige asumir compromisos ineludibles que van mucho más allá de darles un plato de comida ocasional. Es fundamental esterilizar (castrar) a tiempo tanto a machos como a hembras para evitar la sobrepoblación callejera y prevenir enfermedades graves; mantener rigurosamente al día sus vacunas y desparasitaciones; y brindarles atención veterinaria inmediata ante cualquier signo de enfermedad, evitando dejarlos sufrir en silencio. Cuidar de una mascota es un reflejo directo de nuestra humanidad y civismo; educar a las nuevas generaciones en el respeto absoluto hacia toda forma de vida es la única herramienta capaz de transformar el panorama y construir un país verdaderamente empático.
