DÍA DEL FOLKLORE PARAGUAYO, TRADICIONES, ARTE Y MÚSICA QUE DAN VIDA A NUESTRA IDENTIDAD

CIUDAD DEL ESTE (Nacionales por Carlos Roa) Celebrar el 22 de agosto el Día del Folklore Paraguayo es detenernos un instante para abrazar con orgullo todo aquello que nos define como pueblo, una fecha que coincide además con el Día Mundial del Folklore instituido por la UNESCO. Para comprender la magnitud de esta fecha, primero debemos definir qué es el folclore: la palabra proviene de folk (pueblo) y lore (saber), abarcando el conjunto de costumbres, creencias, expresiones artísticas y saberes populares que se transmiten de generación en generación. En nuestro país, esta celebración tiene un sabor muy especial porque nuestra identidad no está guardada en los museos, sino que late con fuerza en las calles, en los campos y en el día a día de nuestra gente trabajadora y hospitalaria.

Para entender profundamente nuestra cultura, es hermoso detenernos en el significado de la frase «Ñande rekove», una expresión en guaraní que se traduce literalmente como «nuestra vida» o «nuestra forma de ser y vivir». Este concepto encierra la esencia misma del paraguayo: su alegría a pesar de las dificultades, la solidaridad comunitaria, la fe profunda, el respeto por la naturaleza y el orgullo inquebrantable de mantener viva la lengua guaraní, el único idioma indígena en América hablado por la inmensa mayoría de su población. El ñande rekove se manifiesta en cada ronda de tereré compartida bajo la sombra, en el saludo respetuoso y en la calidez con la que se recibe al visitante.

El folclore paraguayo desborda en una riqueza artística y artesanal sin igual, fruto de manos prodigiosas que transforman la materia en arte vivo. En la música, el arpa paraguaya y la guitarra nos estremecen con el compás inconfundible de la polca y la melancolía poética de la guarania, creada por el inmortal José Asunción Flores. En las manos de los artesanos cobra vida el delicado ñandutí (tejido que imita a la tela de araña), el fino ao po’i de Yataity, la cerámica de Itá y los trabajos en cuero de Atyrá. A esto se suman las legendarias figuras de nuestra mitología —como el Pombero, el Jasy Jatere o el Luisón— que forman parte de la tradición oral que los abuelos regalan a los nietos al caer la tarde.

Finalmente, honrar nuestro folclore implica también saborear nuestra gastronomía ancestral, heredera de la fusión guaraní y española, donde la sopa paraguaya, el chipá asador y los variados cocidos ocupan un lugar de honor en la mesa familiar. Conmemorar esta fecha no es un simple ejercicio de nostalgia escolar, sino un acto de resistencia cultural y un compromiso vivo para que las futuras generaciones sigan sintiendo que pertenecer a esta tierra es un verdadero privilegio. Mantener encendidas nuestras tradiciones es asegurar que el alma del Paraguay siga latiendo fuerte por siempre.

 

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