CIUDAD DEL ESTE (Realidad fatídica por Charly Friendz) Lo que está pasando en la salud pública es una masacre sistemática encubierta bajo el silencio cómplice de las instituciones, donde familias enteras lloran hoy la desidia criminal de un sistema indolente. El horror comenzó a destaparse en el Instituto de Medicina Tropical con el caso desgarrador de una beba de un año que ingresó originalmente por un cuadro de bronquiolitis desde el Hospital de Clínicas; tras ser derivada a este centro, una vía intravenosa mal aplicada le generó una trombosis fulminante y una necrosis tan agresiva que los médicos terminaron informando lo imperdonable: la pequeña perdió su bracito derecho, mutilada para siempre por la ineptitud médica.
Por si fuera poco, en ese mismo hospital e idénticas circunstancias, otra beba de un año y cuatro meses que ingresó por un simple problema respiratorio enfrenta hoy el mismo calvario y la inminente amputación de su pierna. La pequeña se debate en observación en cuidados intensivos luego de que otra vía mal colocada le provocara una trombosis que le está pudriendo la extremidad. A esta lista de terror se suma el caso del pequeño Miguelito, internado en el Hospital Nacional de Itauguá: tras ingresar por un cuadro común de apendicitis y pasar por terapia intensiva, su estado es crítico y los médicos ya anunciaron que le van a amputar sus deditos. Casos idénticos, aterradores, donde el denominador común es el abandono absoluto y una negligencia que destruye futuros frente a la mirada indiferente de las autoridades.
La situación es todavía más espantosa y criminal si se expone lo que ocurre tras las puertas cerradas de estas salas de horror: en este y en todos los hospitales del país, prohiben terminantemente la permanencia de los padres, obligándolos a abandonar a sus hijos —incluso siendo bebés de pocos meses— bajo la excusa de protocolos internos, dejándolos completamente solos y desamparados. Y detrás de esa prohibición infame se esconde la verdadera carnicería: dejan a los pacientes a merced de estudiantes de medicina sin supervisión real que entran a practicar con las venas, los cuerpos y la vida de las criaturas, improvisando procedimientos mientras los médicos titulares brillan por su ausencia o miran hacia otro lado.
¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando que la salud pública sea un matadero donde se experimente con nuestros hijos? No podemos seguir guardando silencio mientras la deshumanización, la falta de insumos y la ineptitud cobran extremidades y destrozan familias enteras. Exigimos una intervención inmediata, que se caigan los privilegios de los gremios médicos que solo exigen ganar más trabajando menos, y que se investigue a fondo esta cadena de horrores que hoy tiene a inocentes pagando con su propio cuerpo la peor cara de la desidia estatal.

