CIUDAD DEL ESTE (Reflexión por El Avispón) No toda mujer es compatible contigo para ser tu esposa. Y eso no significa que sea una mala mujer. Significa que no todas las personas buscan lo mismo ni tienen las mismas cualidades para construir el tipo de vida que tú quieres. Una relación puede tener química y aun así carecer de compatibilidad. Antes de pensar en matrimonio, mira más allá de la atracción: ¿Cómo maneja los conflictos? ¿Cumple su palabra? ¿Cómo trata a las personas cuando no necesita nada de ellas? ¿Sabe trabajar en equipo? ¿Tiene valores compatibles con los tuyos? ¿Respeta tus límites? ¿Pueden hablar de dinero, familia y futuro sin destruirse? Porque casarte con alguien no significa solamente amar a esa persona. Significa compartir decisiones, responsabilidades, problemas, proyectos y años de vida. Por eso no elijas esposa solamente porque te vuelve loco Elige a alguien con quien también puedas construir en paz.
Ahora, en muchos casos, hasta divagamos sobre lo que es hoy en día un casamiento, concubinato, boda, enlace o nupcias, que se parece más a un seguro de vida para las mujeres, y un poco para los hombres también, donde una señora con más edad busca un cuerpo nuevo para sentir el placer y el éxtasis. Ella es una empresaria y el elegido es un obrero que le va a dar una estabilidad sensacional, pensando en sus ideas de que es su Rambo. En muchos casos, los másculos se prestan, ya que algunos son medio haraganes, no quieren trabajar, se dedican más a jugar piki o paki, y cuando llegan a la casa quieren puki.
De estos hay muchos, por lo que tenemos que ver bien por dónde se va el enlace matrimonial: si es para que podamos juntos proyectar un futuro mejor, que me pueda dar estabilidad económica, estabilidad social y estabilidad mental (que es la tranquilidad), vivir cómodos y tener las condiciones para dar a todos los hijos lo que muchas veces nuestros padres, en 1800 o antiguamente, no nos dieron. El matrimonio no es solamente dependiente de las entrepiernas de aquella fémina que va a ser la compañera; hay que ver su comportamiento, su responsabilidad y el criterio de dar el privilegio a su pareja. No es solamente sacarse las bombachas y decir: “Vení, servite”.
