CIUDAD DEL ESTE (Realidades por Carlos Roa) — Al llamar a la central telefónica de la Fundación Tesãi, una voz grabada recibe al usuario con una promesa institucional impecable: “Gracias por comunicarse con la Fundación Tesãi, tecnología de punta y el mejor capital humano al servicio de su salud con calidad, calidez y alta tecnología a su disposición”. Sin embargo, basta con cruzar la puerta del hospital para comprobar que esa grabación no es más que una fachada publicitaria que riñe frontalmente con la realidad cotidiana. En la práctica, no hay calidad, no hay calidez y el supuesto «mejor capital humano» parece haber sido reemplazado por la apatía y el desinterés.
Se trata de una institución dedicada al servicio y a la salud que se durmió sobre sus laureles. Bajo el conocido refrán “hazte de fama y échate a dormir”, hasta la actualidad se sigue repitiendo la inercia de que Tesãi es el “mejor hospital de la zona”. La Fundación Tesãi nació gracias a la Itaipú Binacional ante la necesidad de asistir a los funcionarios y a sus familias directas (padres, hijos y cónyuges). Como todo lo relacionado con la entidad binacional es sinónimo de holgura presupuestaria, en sus inicios realizaba grandiosas inversiones en equipamiento tecnológico y profesionales médicos. Al principio todo era óptimo y de primer nivel; lo mejor en materia de salud se encontraba en este lugar.
Con el tiempo, Tesãi fue abriendo su faceta social mediante programas de atención a bajo costo, convenios para estudios médicos con hospitales públicos y acuerdos con diversos seguros privados. Esto permitió que asegurados y pacientes externos pudieran consultar, realizarse estudios, cirugías e internaciones, facilitando el acceso a un servicio de alta complejidad a personas sin vínculo directo con Itaipú.
No sabemos si fue en medio de este trajín masivo que la atención comenzó a degradarse, o si se trata de un fenómeno generalizado donde la medicina dejó de ejercerse por vocación, altruismo y espíritu de servicio para pasar a verse como un mero rubro de lucro económico, ventaja y estatus social. Esta lógica mercantilista no solo salpica a los médicos, sino también a odontólogos, nutricionistas, fisioterapeutas, radiólogos y demás personal del área.
La Fundación Tesãi cayó en una pésima calidad de atención al usuario final: el paciente que se encuentra parado en la recepción esperando que alguna de las recepcionistas de turno termine de mirarse las uñas para atender. Respuestas evasivas, desinformación generalizada y un trato mecánico donde solo saben pasar carnets con código de barras, imprimir, presillar y despedir al enfermo sin empatía.
Si un usuario requiere un estudio —sea ecografía, radiografía, resonancia o tomografía—, la constante es el agendamiento diferido para dentro de dos semanas o más. A esto se suma una carga horaria médica fragmentada: la mayoría atiende de 09:00 a 11:30 y retorna de 15:00 a 18:00. Fuera de esos rangos, la atención de seguimiento es nula. En Urgencias, los profesionales van rotando sin hacer consultorio fijo; si un paciente acude un sábado por un problema que requiere control continuo, a los cinco o siete días le resultará imposible reencontrar al mismo médico, pues se trata de profesionales que solo cubren guardias esporádicas al mes.
El trato humano está condicionado por el origen del usuario. El personal administrativo y de recepción indaga primero qué seguro tiene el paciente o si es asegurado directo de Itaipú. De esa respuesta parece depender la cordialidad, la celeridad y el respeto que se le otorga. No es lo mismo portar el crachá rojo que acceder mediante un precio diferenciado por seguro o convenio social; existe una clara categorización clasista en la atención.
Esta degradación progresiva de la imagen e institucionalidad de la Fundación Tesãi también se ha visto salpicada por hechos de violencia y politización. En 2025, la institución se vio envuelta en un grave escándalo que involucró al gerente ejecutivo, Dr. Fernando Bittinger, quien fue agredido con un arma blanca por un paciente social que posteriormente declaró ante la prensa haber sido víctima de burlas por parte del médico.
Asimismo, la estructura operativa se convirtió en un botín político. Múltiples funcionarias de recepción e ingresos obtienen y mantienen sus puestos por padrinazgos partidarios, debiendo respaldar a determinados candidatos para conservar el trabajo. Las denuncias sobre arreo de personal a mítines políticos han sido de público conocimiento, confirmando que la calidad y la calidez prometidas en la contestadora telefónica quedaron sepultadas bajo la burocracia, la política y el maltrato al paciente.


