CIUDAD DEL ESTE (Ciencia y Salud por Carlos Roa) Mantener una estructura ósea fuerte requiere prestar atención no solo a los nutrientes que incorporamos a nuestro organismo, sino también a aquellos hábitos cotidianos que provocan su pérdida. Muchas personas se enfocan exclusivamente en consumir lácteos o vegetales verdes para asegurar sus niveles de calcio, ignorando que el consumo desmedido de sal actúa como un enemigo silencioso que deshace ese avance. La explicación científica de este fenómeno se encuentra en el funcionamiento de los riñones, los cuales tienen la tarea de filtrar las sustancias que consumimos. Al detectar un exceso de sodio en la sangre, el cuerpo activa un mecanismo de depuración para eliminarlo a través de la orina, arrastrando consigo una cantidad significativa de calcio. De esta manera, cuanta más sal ingerimos en nuestro día a día, más recursos esenciales pierde el organismo de manera imperceptible y constante.
La mayor parte del sodio que ingresa a nuestro sistema no proviene de la sal que añadimos manualmente al cocinar, sino que se encuentra oculta en los productos procesados. Alimentos cotidianos como panes industriales, embutidos, quesos curados, comidas listas para consumir, caldos concentrados y aderezos comerciales contienen altas concentraciones de este ingrediente para mejorar su conservación y sabor. Debido a esto, la población suele consumir una cantidad de sodio que supera por mucho los límites recomendados por los especialistas, sin ser conscientes del daño acumulativo. Este impacto negativo en la densidad de la estructura ósea no se manifiesta con dolor ni síntomas inmediatos, sino que se va desarrollando de manera silenciosa a lo largo del tiempo. Por esta razón, el cuidado de la salud de los huesos depende tanto de los nutrientes que sumamos como de las medidas que tomamos para evitar su desgaste innecesario.
La buena noticia es que reducir la ingesta de sodio no significa que las comidas deban volverse aburridas o carecer de sabor, ya que existen alternativas saludables para cocinar. Es posible sazonar los platos utilizando recursos naturales como hierbas aromáticas, especias variadas, ajo, cebolla, limón o vinagre, los cuales realzan el gusto de los alimentos sin comprometer la salud. Asimismo, se aconseja complementar esta reducción de sal con la práctica regular de actividad física moderada y una adecuada exposición solar para asegurar la absorción de vitamina D. No se trata de eliminar por completo este condimento, ya que el cuerpo lo necesita en dosis controladas, sino de moderar su presencia, especialmente aquella que viene escondida. Hacer este pequeño cambio en la cocina representa un beneficio enorme para la estructura física, asegurando que el esfuerzo por alimentarse bien rinda los frutos esperados.
