CIUDAD DEL ESTE (Reflexión por Charly Friendz) Existe una forma de maltrato muy silenciosa que no siempre se nota a simple vista, pero que va desgastando la vida por dentro: esa trampa de estar con alguien que ni te ama bien ni te deja ir. Es como vivir en una prisión sin barrotes, atrapado con una pareja que no hace el esfuerzo por cambiar ni tratarte con respeto, pero que tampoco soporta la idea de perder el control sobre vos. Te da apenas unas migajas de cariño o te pide perdón solo para que no te vayas, dejándote en un freno constante donde vas perdiendo tu paz, tu libertad y tus ganas de salir adelante.
Estar en esta inestabilidad de «un día bien y tres días mal» es muy dañino para la salud mental, pero además es sumamente peligroso. Cuando en una pareja no hay claridad y todo es manipulación, el límite entre el maltrato verbal y la violencia física se vuelve muy finito. Mirando lo que pasa todos los días a nuestro alrededor con tantas muertes y tragedias que conmocionan al país, tenemos que entender que el control obsesivo no es amor. Quedarse aguantando a alguien que te marea y te frena la vida es el primer paso de un camino peligroso que puede terminar de la peor manera si no se le pone un alto a tiempo.
Tenemos que aprender a cuidarnos y entender que la paz no se negocia. El amor de verdad nunca te va a mantener en la confusión ni te va a hacer rogar por un poco de atención o respeto. Proteger tu corazón y tu tranquilidad no es ser egoísta, es valorar tu vida. Significa no poner tu felicidad ni tu seguridad en manos de alguien que no sabe cuidarte, pero que tampoco tiene la madurez de dar un paso al costado. Ninguna persona merece vivir con miedo, con dudas constantes o esperando que el otro cambie mágicamente.
Si estás en un ciclo donde sentís que ni construyen nada sano ni te dejan avanzar, tenés que romper el silencio y buscar ayuda. No te quedes esperando a que la otra persona te dé permiso para ser feliz o para poner fin al problema. Hablá con tu familia, buscá apoyo profesional o gente de confianza y poné límites bien claros. Salir de un lugar donde te hacen daño no es fallar, es tener la valentía de salvarte y recordar que tu vida vale demasiado como para dejarla en manos de quien no la respeta.
