Un relato íntimo sobre cómo alguien se filtra en la vida sin permiso y se convierte en necesidad.

ENTRE SILENCIOS QUE QUEMAN

 

CIUDAD DEL ESTE (Reflexión, por Esteban Ross) No recuerdo haberte buscado, pero de pronto estabas en todas partes. En el primer café de la mañana, en el primer suspiro, en la curva lenta de mi primera sonrisa. Te aparecías en el mensaje de “buenos días”, en las llamadas que interrumpían la rutina como una tentación dulce y ardiente.

Tus letras se mezclaban con las mías, como si hubieras entrado en mi interior sin dejar bordes donde separarnos. Te filtraste sin permiso, como la humedad que no se ve pero invade todo. Y ahora estás en ese silencio que quema, en la pausa entre un latido y otro, en la forma en que mi cuerpo, mi piel y mis pensamientos se erizan cuando te pienso.

Hay algo oscuro en esta presencia, algo que no pide luz. No es inocente la manera en que te pienso, ni la forma en que mi piel reacciona a tu ausencia, como si siempre guardara el eco de tus manos dibujando caminos que nadie más ha sabido leer.

Te volviste vicio sin imaginarlo, necesidad sin nombre, una fiebre que no quiero curar. Y aunque no recuerdo haberte buscado, hay noches en que cierro los ojos y te encuentro: más cerca de lo que debería, más dentro de lo que confieso.

 

 

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