INTERNACIONALES (política por Carlos Roa) El retorno oficial de Luiz Inácio Lula da Silva al poder detonó un auténtico terremoto político que ya traspasa las fronteras sudamericanas. Mientras los cómputos oficiales confirmaban la derrota del oficialismo, la cúpula más cercana al expresidente movía sus fichas con audacia para eludir la tormenta judicial que se avecinaba. En una maniobra relámpago, el senador Flávio Bolsonaro y su familia lograron cruzar la frontera por el puente Tancredo Neves antes de que la orden del juez Alexandre de Moraes —que exigía la entrega inmediata de sus pasaportes— fuera notificada a los controles fronterizos. Con documentación legal en mano y aprovechando los vacíos de tiempo en el sistema, la comitiva ingresó a suelo argentino para abordar de madrugada un avión privado que, tras una breve escala técnica en Ecuador, los dejó a salvo en el aeropuerto de Miami.
Esta salida relámpago no solo evidencia el pánico que cundió en el entorno del exmandatario, sino que también marca el inicio de una fractura profunda en la derecha brasileña, que ahora ve a sus principales referentes dispersos en el extranjero. Mientras la justicia intenta rearmar el rompecabezas de imputaciones y restricción de movimientos, la imagen de la familia abordando un vuelo privado en la penumbra de la frontera expone la fragilidad de un movimiento político que pasó, en cuestión de días, de controlar el Palacio de Planalto a buscar asilo de emergencia en el norte del continente.
Sin embargo, la historia no termina en las playas de Florida. Mientras los referentes políticos buscan refugio a miles de kilómetros, una marea silenciosa de empresarios, productores agropecuarios y familias brasileñas gira la mirada hacia un destino mucho más cercano: Paraguay. El país vecino se ha transformado en el gran imán de la región gracias a un esquema impositivo envidiable, costos operativos sumamente bajos y una energía eléctrica accesible que contrasta fuertemente con la pesada burocracia brasileña. Lejos de las pasiones y las batallas judiciales, los capitales de Brasil siguen cruzando la frontera para asentarse en suelo guaraní, consolidando a Paraguay como la tierra prometida para quienes buscan previsibilidad, reglas de juego claras y paz económica.
