El verdadero daño no es el secreto, sino la elección de ocultarlo.

LA CONFIANZA SE DESTRUYE CUANDO SE ELIGE LA MENTIRA.

CIUDAD DEL ESTE (Reflexión, por redacción) Si estás casado, métetelo bien en la cabeza: mensajearte con otra mujer de forma que tengas que esconderlo ya es traición. Regalarle atención a alguien más cuando esa atención le pertenece a tu esposa también lo es. Dar a entender que existe un “chance” contigo es cruzar una línea que no se debería cruzar. La traición no se limita a lo físico; entregar tiempo, emociones o interés a otra persona ya significa romper el pacto de confianza.

Los mensajes borrados no borran lo que pasó, no eliminan la mentira ni quitan la responsabilidad. Si según tú “no hay nada malo”, ¿por qué esconderlo?, ¿por qué borrar? En el momento en que eliminas un texto, no solo desaparece un mensaje: destruyes la confianza y la seguridad que alguien sentía a tu lado. El verdadero problema no es la plática en sí, sino la necesidad de ocultarla.

Puedes pensar que “solo es un chat”, pero tú ya sabes lo que significa, y tarde o temprano la verdad sale a flote. Porque algo se rompe cuando alguien descubre que le mintieron: nace una grieta en la confianza que nunca se borra por completo. Entonces aparecen las dudas: “¿De veras solo era un mensaje?”, “¿Cuánto tiempo lleva esto?”, “¿Qué más me estará escondiendo?”. Lo que más duele no es el secreto, sino la elección de la mentira sobre la honestidad. Y ahí es cuando se pierde más que un simple mensaje: se pierde la fe en ti.

 

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