CIUDAD DEL ESTE (Tendencia por Charly Friendz) La piel guarda memoria de cada caricia que alguna vez dejó su huella, de cada beso que aún arde en silencio y de cada instante que se resiste a desaparecer. En la ausencia, el corazón busca refugio en la imaginación, cerrando los ojos para recrear momentos compartidos. La espera se vuelve eterna y los minutos parecen no avanzar, mientras la nostalgia se convierte en compañía. El alma busca en sus rincones la voz amada, el roce que aún palpita, la presencia que se extraña. La poesía surge como un puente invisible entre lo que fue y lo que sigue vivo en la memoria, sosteniendo la esperanza de un regreso.
El recuerdo de las caricias se convierte en alimento del corazón, que engaña a la soledad con imágenes creadas en silencio. La piel reclama lo que ya no está y se enciende con la memoria de un beso, con la evocación de un abrazo que fue cotidiano. Las noches se transforman en un espacio de agonía, donde la ausencia se siente como tormento. El deseo se mezcla con la nostalgia y la esperanza, creando un lenguaje íntimo que solo la poesía puede expresar. Así, cada palabra se convierte en un suspiro que busca compañía en la distancia.
El cuerpo también guarda memoria y se rebela frente al vacío. La piel arde por una caricia, la sed invade y solo el ser amado puede calmarla. La ausencia se convierte en un desafío imposible de ignorar, porque el recuerdo se impone en cada instante. El corazón se pregunta cómo olvidar, cómo arrancar de sí mismo lo que se ha quedado grabado en lo más profundo. La poesía se convierte en confesión, en un intento de liberar las ansias que no se pueden contener. Es el testimonio de un amor que persiste más allá de la distancia.
La voz poética se eleva como un llamado, un ruego que atraviesa el tiempo y la ausencia. El amante eterno espera, sostiene la esperanza y se aferra a la memoria de lo vivido. Cada palabra es un eco que busca respuesta, cada verso es un puente hacia lo que se desea recuperar. La piel, el corazón y el alma se unen en un mismo clamor: la necesidad de volver a sentir, de volver a compartir. La poesía se convierte en refugio y en promesa, en la manera de mantener vivo lo que aún late en silencio.
