MISTERIOSA NATURALEZA HUMANA

LOS SECRETOS DE LAS EMOCIONES Y LAS MOTIVACIONES QUE NOS RIGEN

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CIUDAD DEL ESTE, (Curiosidad, por Redacción). Tal vez la palabra Neurofilosofía no nos parezca muy familiar pero, en realidad, es una rama de las ciencias humanas que lleva a fondo el estudio de los “orígenes” de nuestras supuestas “bondades” con la tal vez utópica meta de descubrir de dónde proviene ese pequeño tronco que lleva a las personas a ser “buenas” o éticas. Son muy impresionantes las conclusiones que han derivado de tales estudios y especulaciones; para todos los comunes queda un abismo de reflexiones acerca de nuestra condición humana, tan intrigante.

Cuenta la historia que en el año 1893 en un pomposo evento de grandes ilustres de la época, en la ciudad de Oxford, un biólogo de nombre Thomas Henry Huxley, seguidor de las ideas de Darwin, expuso para asombro de todos los presentes su teoría sobre la naturaleza humana y la moralidad. Este científico argumentaba que las leyes de la naturaleza son inalterables, pero que sin embargo sometiendo la misma a un cierto grado de control, el ser humano puede atenuar el impacto de esas leyes. Con el fin de que quede más claro su presentación elaboró una cierta analogía entre el ser humano y el jardinero, pues éste se encarga siempre de eliminar las malezas que atacan su jardín. Según se desprende de las hipótesis la ética humana fue un gran logro sobre un proceso evolutivo, despiadado, cruel e ingobernable. Según Huxley, la Teoría de la Evolución de Darwin no explica nuestra moralidad, sino que arroja una curiosa sospecha: que toda nuestra moralidad tal vez tenga origen en la oposición a nuestra naturaleza, que siempre nos rige con leyes inalterables.

Además, otro aspecto que permanece misterioso en opinión del científico Frans de Waal, primatólogo, es cómo y por qué el ser humano ha llegado a la capacidad de ir más allá de su propia naturaleza, que es bien sabido que lo llevaba siempre a actuar de forma agresiva y egoísta. Este científico plantea en su “Teoría de la capa” que nuestra moralidad, nuestra “bonanza”, es algo muy tardío, algo más cercano a nosotros, hablando evolutivamente, ya que nuestra esencia es el egoísmo y la competencia.

Los biólogos adeptos de esta teoría especulan que nuestros movimientos morales son en realidad un subproducto accidental de un proceso biológico, es decir, vamos en contra de lo que por naturaleza estamos programados. Valdría decir como ejemplo que somos “buenos” en forma forzada, en un intento por reprimir nuestro ancestral proceder. Bien lo ha dicho alguna vez el filósofo Thomas Hobbes, que nuestra naturaleza social es pura artimaña, para este señor somos muy oportunistas y solo buscamos ganancias en nuestras relaciones; por lo tanto las relaciones humanas de antaño no eran de carácter natural, esto vino luego de ver las consecuencias que producía tanta agresividad entre los hombres que se vieron obligados a crear vínculos y pactos en busca de pacífica convivencia.

Esta vasta investigación nos muestra el complejo mundo psicológico-social de nuestra condición humana que es totalmente amoral, egoísta, emocional y competitiva. Las personas son esencialmente amorales, carecen de tendencias hacia el bien o el mal; siempre prevalecerán las condiciones del entorno. No es lo mismo vivir aquí en un ambiente tranquilo, aparentemente, rodeados de flores, heladerías y placitas que vivir en lejanas zonas hostiles (Medio Oriente, países bombardeados constantemente, etc.). Varios estudios nos muestran la cambiante condición de nuestra “moralidad” en las tomas de decisiones, dejando al descubierto la imposibilidad de permanecer en un equilibrio ético; actuamos con el objetivo de satisfacer siempre en primer lugar nuestras necesidades sin importar las circunstancias (claro ejemplo del por qué de tanta corrupción). El egoísmo se relaciona bastante con la supervivencia biológica y psicológica, eso explica en parte del por qué las personas buscan tanto la fama, el poder, la gloria y el prestigio a como dé lugar.

Bertrand Russell, otra persona también entendida en asuntos humanos, se refirió a los deseos que nos gobiernan y que son, en cierta medida, importantes para una buena política; las necesidades vitales o primarias como alimento, refugio y vestimenta, son las que el hombre siempre lucha por alcanzar y que “no existe límites a los esfuerzos que el hombre hará, o a la violencia que ejercerá, con la esperanza de procurárselos”, según dice. Con esto queda patente y más claro que el cielo azul que el ser humano es la “creación” más “dolor de cabeza” y compleja de la naturaleza. Dicho de otra manera, cohabitan en nosotros nos guste o no cuatro deseos: la codicia, la rivalidad, la vanidad y el amor al poder. Y como es algo muy evidente para el vulgo, el amor por el poder es la “dueña de casa”. Vemos con esto la importancia de buscar una vida basada en el equilibrio en todos los ámbitos.

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