CIUDAD DEL ESTE (Reflexión por Esteban Ross) Ser buen papá empieza por respetar a la mamá de tu hijo. No hay mayor enseñanza para un niño que ver cómo su padre trata con dignidad y consideración a la mujer que le dio la vida. El respeto no es un detalle secundario, es la base sobre la cual se construye la confianza y la seguridad emocional de los hijos.
Cuando un hombre honra a la madre de sus hijos, está transmitiendo un mensaje claro: el amor no se impone, se demuestra. Los niños aprenden observando, y cada gesto de cuidado hacia la madre se convierte en una lección silenciosa sobre cómo deben relacionarse en el futuro. El trato respetuoso es un espejo en el que los hijos se miran y que marcará la forma en que entiendan las relaciones humanas.
La paternidad consciente no se limita a proveer ni a estar presente físicamente. Implica reconocer que la madre es compañera en la crianza y merece apoyo, paciencia y consideración. Un padre que respeta a la madre de sus hijos está construyendo un hogar sólido, donde los pequeños crecen con la certeza de que el amor se expresa en actos concretos y no solo en palabras.
Respetar a la mamá de tu hijo es también respetar a tu hijo. Es cuidar su mundo emocional, proteger su infancia y darle un ejemplo que lo acompañará toda la vida. Porque ser buen papá no empieza en el juego ni en la escuela, empieza en casa, en la manera en que se trata a la madre. Esa es la primera y más importante lección de amor que un hijo puede recibir.
