CIUDAD DEL ESTE (Salud por Esteban Ross) El Trastorno del Espectro Autista (TEA) puede manifestarse desde la primera infancia con señales que, aunque sutiles, resultan importantes de observar. En bebés, la ausencia de sonrisas sociales, escaso balbuceo o falta de gestos como señalar o saludar son indicadores que deben llamar la atención. A medida que el niño crece, la falta de respuesta al nombre, retraso en el lenguaje o conductas repetitivas como aletear con las manos se convierten en señales más claras. Estos comportamientos no siempre significan autismo, pero si se acumulan o persisten, conviene consultar con un pediatra o especialista en desarrollo infantil.
En la etapa preescolar, entre los tres y cinco años, los signos pueden hacerse más evidentes en la interacción social. Algunos niños prefieren jugar solos, muestran poco interés en compartir juguetes o no comprenden las reglas básicas de juegos grupales. También pueden presentar lenguaje limitado o repetitivo, dificultades para mantener contacto visual y resistencia a cambios en la rutina. En el inicio de la escolaridad, entre los cinco y seis años, los problemas para seguir instrucciones simples, mantener la atención en actividades grupales o adaptarse a nuevas situaciones se convierten en señales que padres y docentes deben observar con atención.
La detección temprana del autismo es fundamental porque permite implementar estrategias de apoyo que favorecen la comunicación, el aprendizaje y la integración social. Los especialistas recomiendan que los padres estén atentos a la evolución del lenguaje, la interacción con otros niños y la capacidad de adaptación a nuevas situaciones. Es importante recordar que el autismo no tiene una causa única y que cada niño presenta características diferentes. Lo esencial es acompañar su desarrollo con respeto, comprensión y apoyos adecuados, para que pueda desplegar sus habilidades y alcanzar una mejor calidad de vida en el entorno familiar y escolar.
Algunas señales a tener en cuenta
- No responde a su nombre.
· No puede decir lo que quiere.
· Retraso en el lenguaje.
· No balbucea a los 12 meses
· No dice palabras sencillas a los 16 meses
· No dice frases espontáneas de 2 palabras (solamente repite oídas en otros contextos).
· Cualquier pérdida de lenguaje o habilidad social a cualquier edad.
. Juegos inapropiados sostenidos.
. Parece preferir jugar solo/a.
· No sabe cómo jugar con sus juguetes.
· Se queda ‘enganchado’ con los objetos una y otra vez.
· Tiene un apego extraño por algún juguete (p. ej. Siempre lo lleva encima).
· Pone lo objetos en fila
. Parece sordo/a a veces.
. No sonrie socialmente.
. No mira a la cara.
· No hace gestos (señalar, decir adiós con la mano, etc.) a los 12 meses.
· Está en su propio mundo.
· No sintoniza con nosotros.
. No está interesado/a en otros niños.
· Tiene rabietas.
· Es hiperactivo/a, no cooperador/a u oposicionista.
· Anda de puntillas.
· Es hipersensible con ciertas texturas o sonidos
· Tiene patrones de movimiento raros

