CIUDAD DEL ESTE (Curiosidades por Esteban Ross) Ese color rojo tan intenso de la sandía no es solo estético. Es un pigmento llamado licopeno que el cuerpo usa activamente para proteger las arterias del daño oxidativo que las envejece por dentro.
La sandía es 92% agua, refrescante, dulce, y además contiene uno de los antioxidantes más estudiados para la salud cardiovascular. Una fruta que parece un placer simple resulta ser también una herramienta para las arterias.
Así funciona el licopeno y por qué importa saberlo:
Qué es el licopeno exactamente: Es un carotenoide, un pigmento natural que las plantas producen para protegerse del sol. En el cuerpo humano actúa como antioxidante: neutraliza los radicales libres que dañan las células y las paredes arteriales. Ese daño acumulado es uno de los mecanismos principales detrás de la aterosclerosis, el endurecimiento de las arterias.
La sandía tiene más licopeno que el tomate: Una taza de sandía tiene entre 6 y 13 mg de licopeno. Una taza de tomate fresco tiene entre 3 y 7 mg. La sandía gana, y no necesita cocinarse para que el licopeno esté disponible, a diferencia del tomate donde el calor lo concentra.
Lo que los estudios han observado: El consumo regular de licopeno se ha asociado con reducción de la oxidación del LDL, el colesterol que forma placas en las arterias, y con reducción de marcadores inflamatorios relacionados con el riesgo cardiovascular. No es magia, es química antioxidante en acción.
La citrulina que nadie menciona: La sandía también contiene citrulina, un aminoácido que el cuerpo convierte en arginina, que a su vez produce óxido nítrico. El óxido nítrico relaja y dilata los vasos sanguíneos apoyando niveles de presión arterial más saludables. La sandía es buena para las arterias por dos mecanismos distintos al mismo tiempo.
Cómo aprovecharla mejor: El licopeno se absorbe mejor con algo de grasa presente. Unas semillas o un trozo de queso fresco junto con la sandía mejoran su biodisponibilidad. La sandía madura y roja tiene más licopeno que la que tiene el interior pálido.
La sandía es de esas frutas que parecen un placer simple y resultan ser también una herramienta cardiovascular. Las dos cosas a la vez.
