La ira no destruye al otro, te destruye a ti.

NO TE ENVENENES

 

CIUDAD DEL ESTE (Reflexión por Carlos Roa) Cuenta una antigua fábula que una serpiente, al sentirse herida por el roce de un hacha, decidió vengarse. Se enroscó con todas sus fuerzas alrededor del objeto, intentando asfixiarlo. Pero en su intento de destruirlo, terminó destruyéndose a sí misma. Murió abrazada al objeto de su odio, víctima de su propia ira.

La historia refleja lo que ocurre cuando dejamos que la rabia nos domine. La ira es una trampa: nos hace creer que debemos responder de inmediato, sin pensar en las consecuencias. Es un veneno: lo bebemos esperando que dañe al otro, pero en realidad nos consume por dentro. Es un muro: nos impide ver que el daño real lo estamos sufriendo nosotros mismos.

¿Cuántas veces hemos perdido la paz por querer tener razón? ¿Cuántas veces hemos sacrificado relaciones, salud o libertad por un instante de orgullo? La ira promete poder, pero solo entrega vacío.

Para no repetir el destino de la serpiente, hay tres reglas simples:

Respira: antes de reaccionar, tómate un tiempo fuera.

Perspectiva: pregúntate si esto importará dentro de cinco años; si la respuesta es no, suéltalo.

Silencio: a veces, no responder es la respuesta más poderosa.

La verdadera fuerza no está en la furia, sino en la paz interior. No dejes que nadie te robe esa paz, y mucho menos la entregues tú mismo por un momento de rabia. Porque quien se aferra al odio termina atrapado en él, y quien elige la calma descubre que la serenidad es el mayor pode

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial
× ¿Cómo puedo ayudarte?