CIUDAD DEL ESTE (Curiosidades por Esteban Ross) La madurez no depende de la edad, sino de la manera en que una persona enfrenta sus emociones y relaciones. Hay mujeres que, aun con muchos años, reaccionan como adolescentes, mientras que otras jóvenes desarrollan madurez temprana por las experiencias de la vida. Una señal clara de inmadurez es cuando alguien obliga a su pareja a adivinar lo que siente, usando silencios o indirectas como castigo. En cambio, una mujer madura expresa con palabras lo que le pasa, aunque le cueste, porque entiende que la comunicación directa evita conflictos innecesarios y fortalece la relación.
Otra señal de inmadurez es convertir todo en drama o competencia. Un comentario pequeño se transforma en una discusión larga, aparecen comparaciones con otras relaciones o con el pasado, y los celos surgen sin motivo. La mujer madura, en cambio, mide los problemas según su verdadera importancia y no necesita exagerarlos para sentirse atendida. Responder al tamaño real del problema y validar lo que siente sin alimentar la exageración es la forma de mantener la calma y evitar el desgaste emocional. El amor no se mide por la intensidad del conflicto, sino por la capacidad de resolverlo con equilibrio.
La tercera señal es colocarse siempre en el papel de víctima. La inmadura nunca reconoce su parte en los problemas y culpa al otro de todo lo que ocurre. La mujer madura, por el contrario, puede admitir sus errores y entender que reconocerlos no la hace débil, sino alguien con quien se puede construir. Hablar de soluciones en lugar de discutir culpas abre la puerta a un crecimiento compartido. La madurez se aprende, no es un don innato. Muchas personas nunca tuvieron herramientas para manejar sus emociones, pero si alguien reconoce sus fallas y quiere trabajar en ellas, hay posibilidades de avanzar. Si las niega y culpa al otro por señalarlas, esa actitud ya es una respuesta en sí misma.
