CIUDAD DEL ESTE (Extravagancias por El Avispón) El ritmo excesivamente rápido y constante puede convertirse en un error que disminuye la sensibilidad femenina. El sistema nervioso cuenta con mecanismos de defensa que se activan ante la fricción agresiva, apagando los receptores de placer para evitar irritaciones. Este fenómeno biológico genera una especie de anestesia sensorial, donde la respuesta nerviosa se bloquea y la sensación disminuye. Aunque pueda parecer que la intensidad aumenta, en realidad el cuerpo está protegiendo sus tejidos delicados. El placer depende del nervio pudendo, que conecta la zona íntima con el cerebro, y cuando se satura, la señal se interrumpe.
La fricción constante afecta a los corpúsculos de Pacini, receptores encargados de percibir la presión profunda. Al saturarse, producen un efecto de adormecimiento que reduce la sensibilidad. Además, el exceso de velocidad interrumpe la irrigación sanguínea y limita el aporte de oxígeno, lo que contribuye a que los tejidos pierdan respuesta. Por eso, la variación en el ritmo y la inclusión de pausas permiten que la sangre fluya mejor y que los receptores nerviosos se mantengan activos. El cuerpo necesita equilibrio entre movimiento y descanso para conservar la intensidad del placer.
La clave está en entender que el placer femenino no depende de la fuerza ni de la velocidad, sino de la capacidad de estimular diferentes terminaciones nerviosas sin saturarlas. Un ritmo variable favorece la irrigación y mantiene la sensibilidad en cada roce. Las pausas y cambios de presión evitan que el nervio pudendo se adormezca, generando una experiencia más natural y duradera. Este conocimiento tiene fines educativos y recuerda que, si existe dolor o falta de sensibilidad persistente, lo recomendable es consultar con un especialista en salud sexual para un seguimiento adecuado.
