CIUDAD DEL ESTE (Ciencia y Salud por Carlos Roa) Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro era quien controlaba al corazón, pero la neurociencia moderna demostró lo contrario. El corazón envía más señales al cerebro de las que recibe y esas señales influyen en emociones, memoria, atención y decisiones. Este órgano posee un sistema nervioso propio con unas cuarenta mil neuronas, capaz de procesar información y tomar decisiones de manera independiente. Es como un pequeño cerebro dentro del pecho que actúa sin esperar órdenes externas.
La comunicación entre corazón y cerebro ocurre principalmente a través del nervio vago, el más largo del cuerpo. Por medio de él, el corazón transmite información sobre el estado emocional, la percepción de seguridad o amenaza y la energía disponible. El cerebro utiliza esos datos para regular el humor y manejar el estrés. Cuando el ritmo cardíaco es estable, las señales generan calma y claridad mental. En cambio, cuando el ritmo es caótico por estrés o emociones intensas, se activa un estado de alerta que dificulta la concentración.
Investigaciones del Instituto HeartMath en California muestran que el estado del corazón condiciona el estado mental. Respirar lento y profundo durante dos minutos ayuda a estabilizar el ritmo cardíaco y mejora la claridad mental inmediata. Evocar un recuerdo de gratitud genuina también cambia el patrón del ritmo cardíaco en segundos. El corazón no solo late, también piensa y participa activamente en la manera en que sentimos y decidimos. Este conocimiento es educativo y no sustituye la consulta médica, especialmente en personas con condiciones cardíacas diagnosticadas.
