CIUDAD DEL ESTE (Reflexión, por Esteban Ross) Elegir a la persona con la que compartiremos el resto de nuestros días no es un asunto que deba dejarse al azar ni a las exigencias superficiales del momento. Así como un calzado inadecuado puede transformar el viaje más hermoso en un suplicio constante, un matrimonio mal correspondido lastima el alma en silencio y deja marcas profundas. Por eso, antes de dar el paso definitivo hacia el altar, es fundamental detenerse a reflexionar con madurez sobre lo que realmente significa un compromiso de por vida. Esta profunda analogía nos invita a mirar más allá del brillo exterior, descubriendo que la verdadera sintonía se encuentra en los valores compartidos, la paz interior y la guía de Dios. Es un llamado urgente a conocer nuestra propia esencia para encontrar un amor que no oprima ni vacíe, sino que complemente y sostenga cada paso del camino.
El matrimonio, es como ese par de zapatos que te acompañará toda la vida. Si te queda grande, arrastras la soledad en compañía, el vacío de una conexión que nunca llegó. Y si te queda chico, te lastima con cada paso, dejando en tu alma heridas que no se ven. No es algo que puedas quitarte al llegar a casa. No es una simple elección de moda.
Por eso, si estás a punto de calzarte, si el amor te llama a ese camino, por favor, detente un momento. No busques el zapato más brillante. No te dejes llevar por lo que todos admiran. Busca el zapato hecho para ti, el que se ajusta a la forma única de tu ser. Que no te deslumbre la belleza vacía, sino la belleza de un alma que camina a tu mismo ritmo, que comparte tu misma dirección.
Porque el amor no es solo cuestión de gustos, es cuestión de valores. Es la fibra de la que están hechos sus sueños y la esencia de lo que creen. No busques en estantes ajenos a tu corazón. No pretendas encontrar un amor eterno en el desorden de lo efímero.
Primero, descubre tu propia talla, tu verdadero ser. Y solo entonces, sal a buscar ese par que encajará contigo como si el destino lo hubiera diseñado. Porque en este viaje, no hay devoluciones. No se puede «probar» sin compromiso.
Por eso, escucha a quienes ya recorrieron el camino, a quienes llevan años caminando juntos. Y, sobre todo, habla con el Fabricante, con Dios. Solo Él conoce el diseño original de tu corazón.
Hay quienes hoy caminan con dolor, arrastrando una relación que nunca les quedó. Con zapatos hermosos por fuera, pero llenos de grietas por dentro. Y a ellos les digo: no estás solo. No te rindas. El Fabricante puede sanar las heridas y restaurar lo que creías perdido.
Porque amar no es lucir perfectos ante el mundo. Amar es caminar en paz, con cada paso, hacia un mismo horizonte. Es el descanso del alma que encuentra, al fin, su par.
