Cada contacto físico construye seguridad y apego

CUANDO EL CARIÑO CALMA EL CEREBRO

CIUDAD DEL ESTE (Ciencia, por Charly Friendz) Cuando un niño llora y se agita, muchos adultos creen que no deben cargarlo ni besarlo para evitar que se “malacostumbre”. Sin embargo, lo que se está evitando es precisamente lo que su cerebro necesita. El contacto físico no es solo afecto, es biología: reduce el cortisol, la hormona del estrés, y aumenta la oxitocina, que calma y genera apego. Así, el cuerpo del niño se relaja, su respiración baja y su llanto cambia, encontrando regulación en lugar de manipulación.

Un niño no nace sabiendo cómo calmarse solo, aprende a hacerlo a través de la contención de sus padres. Cada abrazo, cada beso y cada momento de acompañamiento construyen en su cerebro una referencia de seguridad. Esa experiencia se convierte en la base de cómo manejará el estrés, cómo se relacionará con los demás y cómo entenderá el amor. La regulación emocional es un aprendizaje que se transmite en la práctica diaria.

El error más común es confundir contención con malcriar. Ignorar a un niño alterado no lo fortalece, lo deja sin guía en el momento en que más la necesita. La clave está en que el adulto primero regule sus propias emociones y luego se acerque con contacto físico y palabras simples como “aquí estoy” o “todo está bien”. No se trata de hacerlo siempre, sino cuando realmente lo necesita. De esta manera, no se cría dependencia, se enseña regulación, y esa es una herramienta que le servirá toda la vida.

 

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