CIUDAD DEL ESTE (Slaud, por Charly Friendz) Muchos creen que el alcohol únicamente perjudica al hígado, pero la realidad es que su impacto más profundo ocurre en la mente. Beber con frecuencia va apagando el equilibrio emocional, la paz interior y la capacidad de pensar con claridad. El primer daño es la depresión profunda: tras el aparente “subidón” inicial, llega una caída marcada por tristeza, culpa y vacío emocional, producto de la disminución de serotonina.
El segundo efecto es la ansiedad constante, que mantiene al cuerpo en estado de alerta, elimina el descanso y acelera el corazón. A esto se suma la paranoia y confusión, ya que el consumo repetido altera la percepción de la realidad, genera ideas falsas, desconfianza extrema y pensamientos irreales que afectan la estabilidad emocional.
El cuarto daño es el cambio de humor extremo, donde una persona pasa de la risa al enojo o al llanto en cuestión de segundos, perdiendo el control de sus emociones. Finalmente, aparece el aislamiento emocional: la persona se vuelve irritable, distante y fría, alejándose de quienes la aman y quedando atrapada en la soledad. El alcohol no es un escape, sino una trampa silenciosa que deteriora la mente y destruye vínculos afectivos.
