La agresión quedó registrada en cámaras de seguridad y se viralizó en redes sociales.

DOCENTE AMENAZA Y GOLPEA A COLEGA FRENTE A NIÑOS EN SALTOS DEL GUAIRÁ

 

CANINDEYÚ (Realidad Fatídica, por Esteban Ross) En una escuela de la Colonia Nacional, en Saltos del Guairá, departamento de Canindeyú, se vivió un episodio alarmante que rápidamente se viralizó en redes sociales. Un docente de sexto grado, identificado como Manuel Rojas Mereles, golpeó a su colega Alexis Fabián Godoy, profesor de segundo grado, y lo amenazó con un cuchillo dentro del aula. Todo ocurrió frente a niños pequeños, quienes huyeron aterrados al presenciar la escena. El hecho sucedió el 16 de marzo, pero recién fue denunciado semanas después, lo que generó aún más indignación por la falta de reacción inmediata. Las cámaras de seguridad registraron el ataque y el video se convirtió en prueba clave para la investigación.

Este caso expone una realidad que ya no sorprende: vivimos en una sociedad donde la violencia se ha normalizado. Muchos actúan convencidos de que sus actos no tendrán consecuencias graves, y esa impunidad alimenta un círculo vicioso. Las escuelas, que deberían ser espacios seguros para aprender y crecer, hace tiempo dejaron de serlo. Los niños, en lugar de recibir educación en un ambiente de respeto, son testigos de agresiones que marcan su desarrollo emocional. La viralización del video no solo muestra la brutalidad del hecho, sino también la fragilidad de nuestras instituciones educativas.

En Paraguay, urge un debate serio sobre quiénes están al cuidado de los menores. No basta con títulos o experiencia: es necesario evaluar la salud mental y emocional de los docentes y encargados de niños. La violencia dentro de las aulas refleja una sociedad enferma, donde el respeto y la convivencia pacífica se ven desplazados por la agresividad. Si no se controla quiénes tienen contacto directo con los estudiantes, si no se establecen mecanismos de prevención y apoyo psicológico, seguiremos viendo cómo la violencia se instala en los lugares que deberían ser refugio de paz. Este hecho en Canindeyú es un llamado de atención: necesitamos recuperar la confianza en nuestras escuelas y proteger a los más vulnerables.

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