CIUDAD DEL ESTE (Ciencia y Salud, por Charly Friendz) La menopausia marca un cambio profundo en el metabolismo femenino. La caída del estrógeno arrastra consigo la señal que ordena a los fibroblastos producir colágeno tipo I y III, fundamentales en piel, huesos, tendones y arterias. Los estudios muestran una pérdida del 30% en los primeros cinco años postmenopáusicos y un 2% adicional cada año en las dos décadas siguientes.
Esa deficiencia no se nota primero en las arrugas, sino en el cartílago articular, el tejido óseo y la pared vascular. Por eso aparecen dolores de rodilla y cadera, la osteoporosis se acelera y el riesgo cardiovascular femenino iguala al masculino después de los 60. Una sola deficiencia compromete tres sistemas vitales.
El error más común es creer que el colágeno en polvo o pastillas llega intacto a la piel o articulaciones. En realidad, se digiere en aminoácidos como glicina y prolina, que solo sirven si el cuerpo tiene los cofactores adecuados. La vitamina C es esencial para transformar el pro-colágeno en colágeno maduro, mientras que el silicio orgánico activa la enzima que construye su estructura. La glicina, además, potencia la defensa antioxidante y antiinflamatoria del organismo. Así, la estrategia más efectiva no es solo suplementar colágeno, sino asegurar los nutrientes que permiten su síntesis real.
