CIUDAD DEL ESTE (Ciencia y Salud por el Tío Talo) Dentro de cada célula existe un sistema silencioso pero vital: la autofagia. Este proceso, que significa literalmente “comerse a sí mismo”, permite que las células eliminen componentes dañados, proteínas defectuosas y estructuras envejecidas para reutilizar sus partes. Gracias a las investigaciones del científico japonés Yoshinori Ohsumi, galardonado con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, la ciencia moderna comprendió la magnitud de este mecanismo de autorreparación.
La autofagia no solo mantiene las células limpias y eficientes, sino que también influye directamente en la longevidad. Se ha demostrado que ayuda a prevenir enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson, al eliminar proteínas tóxicas acumuladas en el cerebro. Además, fortalece el sistema inmunológico, contribuyendo a eliminar patógenos y reforzar las defensas naturales del organismo.
Con el paso de los años, la eficiencia de la autofagia disminuye, favoreciendo el daño celular y el envejecimiento. Por eso, estimularla de manera natural se ha convertido en un enfoque prometedor para mejorar la calidad de vida. Estrategias como el ayuno intermitente, la restricción calórica moderada y el ejercicio físico han demostrado activar este proceso, promoviendo resiliencia celular y salud metabólica. La clave, señalan los expertos, está en hacerlo de forma equilibrada: no se trata de extremos, sino de generar condiciones que favorezcan el funcionamiento natural del cuerpo.
